Los administradores societarios

por Software DELSOL

La dualidad administrador-trabajador vista por Hacienda en la nueva reforma fiscal

Introducción

Con la intención de aumentar la recaudación y aclarar este tipo de casuística, la Agencia Tributaria puso en marcha a partir de 2011 un seguimiento estricto de las percepciones de los administradores de sociedades mercantiles. Sin previo aviso, empezaron a llegar cientos de requerimientos informativos a diferentes empresas de la geografía nacional (especialmente la Costa del Sol y el Levante) para reclamar a los administradores de dichas mercantiles, el ingreso del IVA no repercutido en los ingresos que habían percibido de las mismas, o bien, unas retenciones muy superiores a las practicadas según la tabla del IRPF por rendimientos del trabajo, al considerar que lo percibido correspondía a retribuciones puras como administradores o percepciones de dividendos.

Una vez pasado el primer susto y creyendo que dicha controversia se circunscribía sólo a los profesionales liberales ejercientes en las denominadas, sociedades profesionales, creadas a partir de 2007, el asombro fue a más, cuando se intentó dar por no deducibles las retribuciones del resto de administradores que además de trabajar en la empresa como currantes natos, ejercían dicho cargo (ver Sentencia Mahou, donde se considera que el cargo mercantil prevalece sobre el desempeño del empleo habitual). El criterio aplicado era el del reconocimiento en los estatutos de la retribución del cargo del administrador cosa harto improbable en la mayoría de las pymes españolas. Si no se contemplaba, no era deducible en el Impuesto de Sociedades y por tanto se considera retribución de los fondos propios, o sea, dividendos. En la mayoría de las pymes, dicho cargo no es remunerado y por tanto, genera como mínimo, dudas.

La casuística

Analizando el primer caso, el de los profesionales puros y duros con colegiación para el ejercicio de la profesión, se trata de un auténtico despropósito por cuanto, si se les exige facturar para cobrar, el IVA devengado por estas personas, será deducible en las sociedades a las que facturan. Se produce un efecto fiscal neutro en el caso del IVA. E incluso el IRPF que se les retenía por dichos ingresos de nómina, puede ser inferior, dado que como profesionales soportan una retención entre el 21% actual y el 18% de ejercicios anteriores (según el ejercicio facturado) en todas sus facturas, y sin embargo, como nómina, dicha retribución podía ocasionar retenciones de hasta un 42% en el caso de administradores o de participación en beneficios.

Aquí estaba claro que se pretendía otro objetivo diferente que no era fiscal y si laboral: que las percepciones de dichas personas, se equiparan en seguridad social con los trabajadores en régimen general, muy superiores, ya que la mayoría de estos profesionales o administradores, suelen contribuir a la Seguridad Social con la cuota mínima de autónomos o con aportaciones a mutuas de previsión social (como los abogados por ejemplo, casi la única que sigue funcionando). De hecho los técnicos lo están estudiando, pero desde el 1-1-2014 ya han subido unos 60 euros la cuota de autónomos a todos los administradores societarios excepto los de las cooperativas y sociedades laborales. ¿Es que los administradores-trabajadores de una sociedad mercantil ganan más que un simple autónomo y por ello tienen que cotizar por un importe superior? Nadie ha contestado a esta pregunta de forma coherente. También se les han olvidado aquellos que eran autónomos independientes puros antes de ser administradores societarios y que compatibilizan ambas actividades, pero poco a poco están peinando los registros informáticos y detectando dicha duplicidad con suma facilidad.

En el segundo caso, la cosa es todavía más sangrante, por cuanto cualquiera que se encuentre inmerso en el mundillo empresarial sabe a ciencia cierta que en un 90% de las sociedades mercantiles, el administrador es trabajador a jornada completa (incluso con doble jornada y empleado único) y sus emolumentos proceden de su trabajo y no del ejercicio de su cargo. Ese supuesto del administrador puro y duro, se da solamente en las grandes compañías y en atípicos casos que retribuyen a sus directivos por el ejercicio del cargo con prebendas y dietas por el simple hecho de ostentar dicho puesto.

Puesta la AEAT manos a la obra, advirtió al personal con considerar no deducibles las retribuciones de dichos administradores (ya que no vienen en los estatutos) en el Impuesto de Sociedades, con el consiguiente quebranto para estas empresas y sus correspondientes administradores (que si tributarían por dichas percepciones) y sólo empieza a contemplar dos posibilidades: o facturación como profesionales (en los colectivos tradicionales: médicos, abogados, arquitectos, economistas, etc.) o retribución como administradores con la aplicación de la retención máxima que se aplica a estos cargos: el 42%.

Durante estos años la polémica ha ido creciendo y ha habido aplicación de diferentes criterios tributarios atendiendo a la benevolencia del funcionario de turno o a la aplicación de la doctrina más conveniente por el asesor de cada empresa.

La propuesta tributaria

Bueno, pues parece ser que la nueva reforma fiscal para 2015-2016 intenta zanjar esta agria polémica y deja más claro el criterio de imputación fiscal a seguir en cada caso. Como primer paso y dentro de la normalidad más absoluta, pasa a considerar gasto deducible en el Impuesto de Sociedades las retribuciones de los administradores siempre que se recojan en los estatutos, y también las percepciones salariales de aquellos administradores y socios de mercantiles que desempeñen trabajos en sus propias empresas. Aunque dentro de esa normalidad, contempla los siguientes supuestos más específicos:

  1. Profesionales (con alta en autónomos o mutua de previsión social) que ejercen su actividad en una sociedad, sea esta o no, profesional (ya que todos no se adaptaron a la normativa): todos sus ingresos serán considerados procedentes del ejercicio de una actividad profesional particular. Muy claro: facturación con el IVA reglamentario sujeta a la retención aplicable en dicho caso (finalmente del 19% en 2015 y 18% en 2016). Y si quieren percibir una retribución como administradores porque así lo determinan los estatutos societarios, pues se les aplicarán la retención de este tipo de cargos: 37% en 2015 y 35% en 2016.

    Se habla de un supuesto de una retención inferior (19% en 2015 y 18% en 2016) para administradores de sociedades que facturen anualmente menos de 100.000 euros pero no creemos que se aplique a este colectivo profesional por cuanto hay pocas sociedades profesionales que facturen por debajo de este umbral. Como observamos, la Ley de Sociedades Profesionales de 2007 queda casi ninguneada al aplicar dichos criterios.

  2. Administradores que ejercen su actividad laboral con el desempeño habitual de la gerencia o administración de la empresa. Se plantean dos supuestos:

    1. Administrador remunerado con los estatutos: percibe su retribución como administrador sujeta a la retención fijada por las tablas del IRPF, y el resto como trabajador de la empresa en cuestión. Hay que tener un poco de cuidado en este aspecto, por cuanto la retribución laboral deberá estar en unos límites normales respecto al convenio laboral de la empresa, las tareas que ejerce el socio-administrador, y la retribución máxima fijada para la categoría laboral que desempeña. Basándonos en dichas premisas, podemos fijar un salario acorde que no levante sospechas ante una posible revisión fiscal. Está claro que cuanto más elevada sea la retribución laboral, más se acercará el porcentaje de retención de la sufrida como administrador, y por tanto tendremos menos margen de maniobra, aunque Hacienda ya ha pensado en eso como veremos después.
    2. Administrador con ejercicio gratuito del cargo y que sólo está remunerado como trabajador de su empresa. Pues con el mismo cuidado del caso anterior, podrá percibir su remuneración como empleado y soportando las retenciones de IRPF que hemos comentado anteriormente, con los mínimos que se establecen a partir del 1-1-2015. En dicho caso, siempre proceder con cautela.

      Estos rendimientos del trabajo deberán ser tratados fiscalmente como tales, con imputación de las rentas obtenidas al trabajador en cuestión, aplicación del tipo de retención pertinente, ingreso de las retenciones y consignación de la información en las correspondientes declaraciones fiscales.

      A efectos probatorios y de defensa ante la AEAT, les recomendamos que respeten los siguientes puntos:

      • Calificar correctamente los rendimientos, es decir, no cometer errores al calificar como rendimientos del trabajo lo que serían rendimientos de actividades económicas o profesionales.
      • Cumplir, si son rendimientos del trabajo, la normativa laboral y de seguridad social en relación al trabajo desarrollado (existencia de contrato de trabajo, pago de las oportunas cotizaciones a la Seguridad Social, etc.).
      • Guardar y conservar todo aquel material probatorio que pudiera contribuir a defender que, al margen de que los estatutos ya establecen la gratuidad del cargo de administrador, efectivamente el trabajo realizado (que no es de administrador) por el cual se satisface un rendimiento del trabajo de naturaleza distinta a la tarea de administrador, efectivamente se presta y no se trata de ningún artificio ni de una renta susceptible de cualquier otra calificación (conservar correspondencia, e-mails, controles de horario de entrada y salida, etc.).

      Finalmente, y en línea con la deducibilidad al Impuesto sobre Sociedades, reproducimos un fragmento de la consulta de la DGT V2447-08, muy ilustrativa de la línea a seguir en estos casos:

      “Todas las contraprestaciones o utilidades, cualquiera que sea su denominación o naturaleza, dinerarias o en especie, que deriven, directa o indirectamente, del trabajo personal o de la relación laboral o estatutaria y no tengan el carácter de rendimientos de actividades económicas, constituyen para su perceptor, a efectos del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, rendimientos de trabajo, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 17.1 de la Ley 35/2006, de 28 de noviembre, del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y de modificación parcial de las leyes de los Impuestos sobre Sociedades, sobre la Renta de de No residentes y sobre el Patrimonio. Por lo tanto, las cantidades satisfechas por la sociedad a sus socios trabajadores son deducibles siempre que respondan a la prestación de servicios personales para las actividades desarrolladas por la sociedad y no retribuyan capitales propios aportados por los socios, con independencia de su régimen de afiliación a la Seguridad Social que les corresponda.”

Conclusión

Además de aclararse bastante más toda la problemática suscitada, ¿dónde está el principal cambio de este segundo supuesto? Pues en que Hacienda establecerá una retención mínima en la nómina de estos administradores-trabajadores similar a la contemplada para los profesionales y empresarios que declaran su actividad económica en estimación directa, fijándola en ese mínimo para sociedades que no alcancen anualmente una facturación de 100.000 euros. Así que por poco que ganen, en lo que declaren como nómina, siempre tendrá que soportar una retención del 19-18% a partir del 1-1-2015 equiparándose de esta forma al colectivo antes reseñado, y así el salto hasta las retenciones a practicar en caso de ser administradores puros, será mucho menor que lo ha sido hasta ahora. Pero ese mínimo siempre es mucho mayor que los porcentajes que se estaban aplicando hasta ahora aplicando la tabla de retenciones del IRPF para los trabajadores contratados en régimen general.

La cosa se queda por ahora en aplicar una retención mínima en IRPF (diríamos que elevada en la mayoría de los casos), pero se avecina un segundo paso que compete a Seguridad Social y que seguro será más sufrido para las economías de este gran colectivo de afectados: cotizar en autónomos o en su defecto, en mutualidad de previsión social, por las percepciones realmente percibidas en las nóminas como trabajadores, lo cual dista muchísimo de lo que se cotiza en la actualidad. Pero eso todavía está en estudio y se queda para un próximo artículo. Les mantendremos informados al respecto.

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