Boletín DELSOL

El IVA como indicador del beneficio empresarial

Termina un nuevo ejercicio fiscal y con el mismo, además de las liquidaciones trimestrales habituales, tenemos que presentar las llamadas declaraciones informativas o recapitulativas del año concluido.

Parece que no tienen mucha importancia (son sólo eso, informativas) y además nos cuesta un mundo poner todos esos datos en orden, para presentar un impreso más, que además de molesto, alberga un peligro que nos acechará durante un largo período de tiempo: los cruces de datos con el resto de declaraciones de nuestra empresa y de los terceros implicados.

Si a todo esto, unimos la modificación durante el año de determinados aspectos que dichas declaraciones recogen en su interior (la variación de tipos de retención aplicables desde el 12-7-2015 para relajar la presión fiscal sobre los contribuyentes), junto con la necesidad de velar por un correcto y equilibrado cierre contable y fiscal de nuestro ejercicio económico, pues entramos en una situación de pánico que sólo traerá consigo un par de cosas: alterar nuestro estado anímico, y cometer errores por no llevar una planificación tributaria adecuada en el año que termina.

Dejaremos de un lado para otro artículo los modelos afectados por el IRPF, dado que los mismos ni son tan complejos, ni se prestan a tanta casuística como el IVA, y nos adentraremos un poco más, en este impuesto indirecto cuya simple mención, nos crispa los nervios y nos pone a la defensiva cada vez que tenemos que pagarlo.

Con el paso de los años, además de hacernos mayores, como dice la canción, el modelo 390 se ha ido complicando hasta límites insospechados, al igual que el modelo 300, ahora 303, que es su visión parcial trimestre a trimestre. Tratemos de situarnos en materia.

El IVA que se incorporó a nuestro sistema tributario allá por 1986 fruto de nuestra incorporación a la Unión Europea, ha sufrido múltiples variaciones a lo largo de esos 30 años que nos viene acompañando en nuestra vida diaria, tanto en los tipos aplicables en función de los bienes y servicios a los que afecta, como en los diferentes regímenes que alberga en su reglamento: normal, simplificado, recargo de equivalencia, etc.

En sí mismo, constituye la principal aportación tributaria de fondos a las arcas del estado, muy por encima del resto de los impuestos que existen en nuestro país. Y también es el impuesto donde más se defrauda, motivo por el cual, nuestras autoridades fiscales, redoblan sus esfuerzos denodadamente para que dicho efecto, se reduzca paulatinamente.

Muestra de ello es la enorme reducción que el sistema de estimación objetiva (módulos) ha tenido en los últimos años, especialmente de cara a los períodos 2016 y 2017, con la desaparición de muchos de los epígrafes de IAE que se podían encuadrar en el mismo, así como una paulatina reducción de los volúmenes de ingresos y compras anuales de los acogidos a este sistema, dado que este sistema constituía una vía de fraude tremendo a la hora de tributar por IVA.

Como antes hemos dicho, cada vez es mayor el número de datos que el resumen anual 390 aporta a la Agencia Tributaria, y ha pasado en pocos años de 3 a 8 páginas, agrupando todas las modalidades existentes de IVA, así como diferentes casuísticas que se han ido incorporando gradualmente para un mejor control de las operaciones que las empresas llevan a cabo en su devenir económico.

Hemos pasado de un simple impreso recopilatorio de cuotas repercutidas y soportadas, a un auténtico enjambre de datos cuyo principal objetivo es poner a disposición de la administración tributaria, un caudal de datos fiscales que impidan el fraude en cualquiera de sus facetas.

El contribuyente normalmente no quiere grandes complicaciones en dicho sentido, y en la mayoría de los casos, lo que cuenta realmente para él, es el importe que tiene que ingresar y cómo podrá pagarlo. Es la simplificación de un problema que nos ataca trimestralmente (mensualmente en las grandes empresas) y que puede tener efectos indeseados en la tesorería de la empresa sino se planifica y ataja de forma eficiente.

Aunque parezca poco evidente, podemos utilizar el IVA como indicador de la marcha de nuestra empresa. No es un medidor exacto, dado la gran casuística que podemos tener en cuanto a operaciones de un tipo u otro, pero en la mayor parte de los casos, puede ser bastante fiel en la marcha del negocio. Vamos a ver un ejemplo que nos clarifique lo expresado anteriormente.

Suponemos una empresa con una facturación anual de 100.000 euros y con unos gastos del mismo importe. Prescindimos de inversiones que pueden alterar nuestro cálculo y también de diferentes tipos de IVA, teniendo en cuenta el tipo general aplicable a la gran mayoría de las empresas.

Está claro que la empresa ni gana ni pierde y, su cuenta de explotación, está equilibrada. Nos preguntamos al igual que lo hacen miles de empresarios: ¿si no obtengo beneficio, debo pagar IVA? Ello dependerá en buena medida de un factor muy importante: del porcentaje de sus gastos que no estén sujetos a IVA. Y ¿cuáles pueden ser esos gastos sin IVA? La lista no es muy amplia: sueldos y salarios, cotizaciones a la Seguridad Social, tributos, gastos financieros, fallidos, amortizaciones y algunas comisiones bancarias (aquí los bancos juegan como les da la gana con el IVA, y una veces lo aplican y otras, no).

Partiendo de nuestro ejemplo, veremos que cuanto más amplio es el gasto no sujeto a IVA, a pesar de no obtener beneficios, mayor será el importe de IVA que tendremos que pagar a las arcas públicas. Los números así nos lo indican:

Conceptos Importe IVA al 21%
Ingresos 100.000 21.000
Compras 50.000 10.500
Otros gastos de explotación 20.000 4.200
Sueldos y Seguridad Social 20.000
Gastos Financieros 5.000
Amortizaciones 5.000
Resultado 0 A pagar 6.300

A pesar de encontrarse en punto muerto, nuestra empresa tendrá que ingresar un IVA por importe de 6.300, exactamente el IVA a tipo del 21%, resultado de sumar aquellos gastos de nuestra empresa que no están sujetos a dicho impuesto.

Veamos otro ejemplo, pero ahora en una empresa que presta servicios y no tiene compras.

Conceptos Importe IVA al 21%
Ingresos 100.000 21.000
Compras 0 0
Otros gastos de explotación 20.000 4.200
Sueldos y Seguridad Social 70.000
Gastos Financieros 5.000
Amortizaciones 5.000
Resultado 0 A pagar 16.800

A mayor volumen de gastos sin IVA, mayor importe tendremos que ingresar por este tributo, dado que las empresas actúan como meros recaudadores del estado, descontando del IVA ingresado, aquel que han soportado en sus transacciones económicas. Ahora vienen aquellos que dicen que todavía no les han pagado las facturas emitidas, aunque suelen olvidarse de que también, ellos, pagan a 60-90 días. Lo normal cada trimestre.

Partiendo de este sencillo cálculo que podemos complicar cuanto queramos, aunque en dicho caso, no nos ofrecerá la claridad que necesitamos, podremos obtener un indicador muy simple de nuestro punto de equilibrio para saber si la marcha de nuestra empresa, es o no, la adecuada.

En el ejemplo 1, la cuota anual a satisfacer era de 6.300, por lo que si dividimos por 4, obtendríamos una cantidad mínima trimestral a ingresar de 1.575. Por debajo de esa cantidad, la empresa con su estructura actual de gastos, no obtienen beneficios.

En el ejemplo 2, la cuota anual era de 16.800, por lo que la cuota trimestral mínima sería de 4.200. Si supera esa cifra, significará que las cosas empiezan a marchar mejor.

A pesar de esta simplificación necesaria para la comprensión de los cálculos, esta estimación se complica mucho más cuando la empresa tiene diferentes tipos de IVA, tiene clientes en recargo de equivalencia, además de otros tres hechos que si son un poco más fáciles de tener en cuenta:

  • Las inversiones en inmovilizado que reducirían las cantidades a ingresar (por esos figuran separados en los impresos 303 y 390 y es muy importante suministrar dicha información en el caso de pedir una devolución a final de año)
  • Las operaciones intracomunitarias, que no llevan IVA, pero que además de reflejar separadas en los impresos, llevan añadida la presentación del modelo 349, recordando que han sido las responsables del mayor caso de fraude tributario en materia de IVA en la historia reciente de nuestro país
  • Los supuestos del inversión del sujeto pasivo, norma implantada hace unos años por la AEAT, que a pesar de sus buenas intenciones (no cargar a las grandes constructoras y promotoras con el pesado lastre del IVA en enormes contratas realizadas con las administraciones que tanto tardan en pagar), más que una ventaja, ha supuesto un auténtico problema por el enorme coladero que algunos han puesto en marcha al considerar cosas que no lo son, en este supuesto tan específico. Algo muy habitual en nuestro país, como dice el refranero: hecha la regla, hecha la trampa.

Siempre tendremos empresas con ventas estacionales (confección, hostelería, juguetes, etc.) en las que el ingreso no será similar en cada trimestre, e incluso nos encontraremos aquellos que se creen especialistas tributarios, y les da por trasladar el grueso de su facturación al último trimestre del año, creyendo que Hacienda es tonta y no se da cuenta de esas tácticas dilatorias, hecho este que se ha conseguido paliar con el suministro de datos trimestrales en la declaración 347 de operaciones superiores a los 3.005,06 euros ya sea con clientes o con proveedores.

Pero más allá de cuanto queramos complicarlo, nos puede servir de medida más o menos ajustada, del volumen de IVA que tendremos que pagar cada trimestre y con un simple cálculo matemático, saber si vamos medio bien, o por el contrario, estamos hincando la rodilla.

Les aconsejo que hagan sus cálculos con el último ejercicio cerrado y fijen su particular umbral de rentabilidad mediante el IVA. Vean su evolución y saquen sus propias conclusiones. Verán que cuanto más IVA paguen, y por mucho que les duela, mejor irán sus negocios.

Y no olviden que Hacienda permanece siempre vigilante, y que cada peldaño de complicación que implanta en sus declaraciones, supone una minoración del importe de impuestos que se defrauda en nuestro país. Al final y al cabo, no dicen que Hacienda, somos todos.

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