Boletín DELSOL

Rizando el rizo

Rizando el rizo

Para el contribuyente de a pie de calle, su relación con Hacienda (coloquialmente, la AEAT), se limita a momentos puntuales donde dependiendo de la sinfonía que escucha, la opinión puede variar notablemente:

  • Afinada: “Albricias, estupendo. Que me sale a devolver la renta”. Señal inequívoca de la existencia de desgravaciones varias, donaciones, aportaciones a planes de pensiones, o de un exceso de retención en las percepciones recibidas. Recuerden que sólo le devuelven a aquel que ha pagado de más o tiene los conceptos antes mencionados en su declaración, y por tanto, hemos financiado muy modestamente a la administración pública, aunque reconocer eso, casi siempre, nos cuesta más.
  • Desafinada: “Joroba, que me sale a pagar. Qué injusticia. Con lo poco que gano”. Suele ser señal de una ausencia notable de retención en caso de tener varios perceptores de renta y de no haberlas ajustado poco a poco para que el daño al final del ejercicio, sea menor. Al fin y al cabo, se trata de cerrar un ejercicio y empezar con el siguiente con el menor daño y desembolso posible.
  • Normal: “Ni fu, ni fa”. Lo más habitual. Sabemos en el terreno en que nos movemos y más o menos, el personal tiene hechos sus esquemas y cálculos para que no le influya mucho. Hacienda procura en la mayoría de los aspectos que la tributación sea equilibrada a los rendimientos del contribuyente y que no tenga sorpresas de última hora, aunque la adivinación todavía no entra dentro de sus competencias.

Pero en el caso particular de las empresas y los empresarios, la copla es muy diferente, y suena cada vez más a ópera con tragedia que a una canción melodiosa. Lo explico y dejo como muestra un botón.

De sobra conocemos que los medios técnicos y humanos puestos a disposición de las distintas administraciones públicas y tributarias son cada vez mejores y mucho más modernos. Además, el intercambio de información entre diferentes organismos, ha alcanzado altas cotas de eficiencia en la detección y control de cualquier tipo de fraude que se promueva o se intente realizar, lo cual a pesar de las críticas vertidas por muchos colectivos o de los propios ciudadanos en el reciente proceso electoral llevado a cabo en nuestro país.

Tanto las empresas como los empresarios, así como la mayoría de los profesionales del asesoramiento tributario, somos plenamente conscientes de ese enorme arsenal de medios técnicos y humanos que, con buena lógica, reduce al mínimo la realización de fraudes tributarios así como aumenta el control sobre la correcta declaración y recaudación de los impuestos que es necesario generar para alimentar la enorme maquinaria del estado y de nuestras autonomías. Si, queridos amigos: todo lo recaudado que después se supone que paga carreteras, ferrocarriles, aeropuertos, educación, sanidad, pensiones, y muchas otras cosas. Y parece ser que incluso es poco, ya que estamos en déficit presupuestario casi permanentemente, aunque eso pertenece a otra película.

A pesar de todo lo expuesto, y del conocimiento de la normativa aplicable que cada vez es más puntillosa y escrupulosa por no decir, sesgada a favor de la administración tributaria, nos encontramos cada vez más con interpretaciones normativas tanto de diferentes órganos consultivos como también de los propios juzgados, donde siempre se vuelca el fiel de la balanza, hacia el mismo lado: la AEAT.

Comentaba en un artículo anterior una frase que se me quedó grabada de un buen profesor de universidad: "en la flexibilidad de la norma, está la grandeza de la ley".

Pues amigos, lo que se dice flexibilidad tributaria, cada vez hay menos, y el margen de la aplicación de criterios interpretativos más laxos y menos escrupulosos por parte de las empresas y de los profesionales del asesoramiento, que se quedan en meros intentos nulos, nos encontramos uno tras otro, ejemplos muy claros de un rigidez normativa sumamente intensa, que trata con guante de acero cualquier atisbo de relajación a la hora de pagar al fisco.

Estamos de acuerdo en que hay que pagar en su justa medida, pero no es menos cierto que las empresas han sufrido unos efectos demoledores en nuestra reciente crisis económica y que todavía andan, la mayoría de las pymes, en planta y con cuidados paliativos, pero con altas probabilidades de volver a la UCI.

Si además de complicar la normativa tributaria hasta límites insospechados, las diferentes sentencias de los tribunales y las consultas de la DGT, así como de otros organismos, conceden a la AEAT la razón en la interpretación más rígida de las leyes y reglamentos promulgados, puede ser que se consiga el efecto contrario: una mayor defraudación al traspasar muchas empresas su actividad a la economía sumergida y una menor recaudación en vía voluntaria que es la más fácil de conseguir cuando se legisla con margen de maniobra y no apretando las tuercas más de la cuenta a los de siempre, a los más pequeños.

Y como decía al principio, aquí tienen una muestra más de lo expuesto. No es la única pero si es una muy habitual en nuestro tráfico comercial y en nuestra vida cotidiana, incluso si la perjudicada, como en este caso, es una multinacional, pero donde el perjuicio se trasladará con absoluta certeza, a los bares, cafeterías y restaurantes, y por tanto, al bolsillo del ciudadano de calle. Ya lo decía el anuncio: Hacienda, somos todos.

Audiencia Nacional, Sala de lo Contencioso-administrativo, Sentencia 198/ 2016 de 17 Mayo. Recurso 391/2014

Imposibilidad de deducir el IVA Soportado en la adquisición de mobiliario de hostelería por parte de las empresas embotelladoras.

La actividad empresarial de la reclamante consiste en la fabricación, distribución, almacenamiento, transporte y venta de bebidas refrescantes, aguas minerales y bebidas no alcohólicas, así como de sus envases y envoltorios. Concretamente fabrica y comercializa productos de "The Coca-Cola Company".

Se discute sobre la naturaleza a los efectos del IVA de las entregas de mobiliario de terraza para hostelería que lleva inserta publicidad de dicha marca.

Para la Audiencia Nacional, excede este tipo de mobiliario de un mero objeto publicitario porque tiene valor y entidad propios al servir para cubrir necesidades concretas de los establecimientos que lo reciben, y que de no haberse obtenido por esta vía, hubieran tenido que ser adquiridos mediante un desembolso económico.

A lo anterior no obsta la firma de recibos por los titulares de los establecimientos de hostelería en los que se expresa que la entrega del material de terraza con la publicidad de la marca está condicionada a la compra y posterior venta de los productos de la marca publicitada. Tales recibos no especifican la valoración concreta de los bienes como tampoco los compromisos de compra concretos, o el periodo de tiempo durante el cual las compras se deben materializar, lo que no permite su calificación como una operación económica compleja a los efectos de justificar que en la factura de venta que emite el concesionario de la marca esté incluido el importe correspondiente a la cesión de uso del material de terraza.

La actividad de fabricación y comercialización de bebidas es lo que es, y la entrega de material de terraza es una atención con clientes al margen de esta actividad principal, sin que exista una relación directa e inmediata entre los productos suministrados y la entrega del mobiliario de terraza, vinculación imprescindible para dar un tratamiento conjunto a efectos de IVA a dicha operación.

Para poder considerar que la cesión se efectúa a título oneroso y que su contraprestación está comprendida en el precio satisfecho por las bebidas, hubiera sido necesario que la cesión del mobiliario de terraza estuviera condicionada a la realización de otras operaciones, también efectuadas a título oneroso, y que se pudiera establecer algún tipo de proporción entre los elementos cuyo uso se haya cedido y la cantidad de bienes para cuya venta o distribución se haya producido dicha cesión.

En la medida en que no se ha logrado desvirtuar la afirmación de la Administración de que se trata de entregas gratuitas de material de terraza como atenciones para clientes, no es posible deducir las cuotas soportadas por IVA en su adquisición.

Conclusión: considera por tanto, la Audiencia Nacional, que la entrega de material de terraza es una atención con clientes al margen de la actividad principal y que no hay relación directa e inmediata entre los productos suministrados y la entrega del mobiliario de terraza, por lo que no es posible darle a esta operación el pretendido tratamiento conjunto a efectos del IVA.

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