A vueltas con los bancos
Boletín DELSOL

A vueltas con los bancos

Desde hace ya casi un lustro, tanto empresas como particulares, vivimos en un mercado financiero donde además de aflorar cierta liquidez, los tipos financieros son especialmente bajos. Las medidas de los bancos centrales para recuperar a los mercados del negro panorama de la recesión económica, inyectaron gran cantidad de fondos a unos tipos casi simbólicos (incluso negativos), que han dado sus frutos, aunque estos varíen enormemente de unos países a otros.

En nuestra piel de toro, donde parece ser que el crecimiento económico sostenido ha supuesto una mejora del mercado laboral, hemos pasado en poco tiempo de tener una financiación escasa y a tipos medios/altos, a volver a ver a las entidades ofreciendo liquidez a las empresas a tipos bajísimos debido a los tipos incluso negativos del Euribor, principal referencia utilizada por los bancos. En los particulares, la cosa ha ido por los mismos derroteros, aunque más centrada en el crédito hipotecario que en el destinado al consumo (menos fondos y a tipos más elevados).

Pero centrándonos en las empresas, vamos a abordar con más detenimiento, un error muy típico en la mayor parte de las pymes a la ahora de conocer y evaluar el coste financiero que tienen que soportar en la gestión de sus finanzas.

Aunque las entidades bancarias ofrecen a las empresas muy variados productos de mayor o menor complejidad de comprensión, vamos a analizar las operaciones más habituales, las que tarde o temprano, tendremos que utilizar si queremos gestionar adecuadamente nuestro negocio.

De esta forma, podemos analizar a las empresas según el tipo de política que llevan a cabo en materia financiera:

  • Política del valiente

Muy utilizada en aquellas empresas a las que les cuesta un mundo acudir a las fuentes de financiación externa, ya sea para financiar su tráfico comercial habitual como sus inversiones incluso a largo plazo. Suelen ser empresas familiares donde todo se hace a fuerza de exhibir músculo financiero o donde los propietarios provienen de ese tipo de cultura que podemos llamar del esfuerzo continuado.

¿Qué les suele ocurrir en estos casos?

  1. Tráfico comercial habitual: si no tienen unas previsiones adecuadas y ajustadas, se encontrarán a la más mínima complicación con unos costes financieros inesperados. Una devolución de un cliente o el retraso en un cobro importante, nos pueden ocasionar un descubierto en cuenta, donde el banco nos puede cobrar en algunas ocasiones más de un 20% de comisiones más los intereses ocasionados.
  2. Inversiones: en estas empresas se suele adquirir inmovilizado de dos formas; una, cuando ya se han generado los beneficios necesarios (política de apalancamiento), y dos, en el mismo ejercicio en el que se paga la inversión (a sangre y sin anestesia). De esta forma, soportaremos un alto coste fiscal, ya que tendremos que generar los beneficios suficientes y pagar por los mismos, para no complicarnos demasiado nuestra existencia ante Hacienda.

Como consecuencia de ello, estas empresas estarán sometidas a unas tensiones de tesorería innecesarias, a soportar costes financieros muy elevados y, probablemente, en el caso de grandes inversiones, a tributaciones desmesuradas no planificadas para poder justificar los desembolsos efectuados sin crédito bancario.

Moraleja: no se equivoque en sus cálculos y sea un poco más previsor. Soportar todo el entramado financiero con fondos propios, a veces puede ser más costoso de lo que uno cree, y más vale tener un margen de maniobra adecuado que nos evite pagar mucho más de lo que realmente deberíamos pagar. En el caso de las operaciones de tráfico comercial normal, una simple póliza de crédito calculada con estimaciones razonables, nos puede suponer un ahorro de más de un 75% respecto a un descubierto en cuenta corriente. Y en el caso de grandes inversiones, con los tipos tan bajos que se mueven, podrá graduar más suavemente la tributación de sus beneficios si escoge la financiación adecuada y las desgravaciones fiscales a las que se puede acoger.

  • Política sin calculadora

Este es otro caso muy típico que se da en las empresas que no poseen personal especializado en la gestión de sus finanzas. Las cosas se llevan con muy buena voluntad, lo que normalmente aprovechan los empleados de banca que les proponen una u otra fórmula de financiar sus empresas, pero sin analizar la letra pequeña con suficiente detenimiento.

La frase: te ofrezco tal o cual producto a un tipo muy bajo que además es mejor que el de la competencia, suele llevar incluida casi siempre, alguna comisión de estudio, apertura, no disposición, etc., que, si no la tenemos en cuenta, nos puede arrojar un TAE muy superior al que nos están ofreciendo.

La moda actual es ofrecer productos a tipo muy bajo (incluso 0) con una simple comisión de apertura o estudio, también baja, pero sujeta a un período no anual, sino más corto. Qué barato, ¿no? Pero si le damos a la calculadora, veremos que no es oro todo lo que reluce. Veamos un par de ejemplos:

  1. Supongamos una simple operación de préstamo a seis meses de 10.000 euros al 1% nominal anual con una comisión de apertura del 1%. Son unas condiciones estupendas pero el tipo TAE es muy superior al que creemos. El simple 1% se nos transforma en un 4,55% TAE, lo cual ya no es un tipo tan bajo.
  2. En el caso de descuento de papel (pagarés o anticipo de recibos), además del interés prometido, nos cobran unas comisiones de gestión, que llevan el coste hasta límites insospechados. Un pagaré de 1.000 euros negociado a 90 días, con un tipo del 2% y una comisión de 10 euros, supone un 5,6 % TAE.

Todos estos casos, gestionados adecuadamente y con la antelación suficiente, nos llevarán a optar por fórmulas más bajas de interés que nos permitan lograr una reducción de nuestros costes financieros, aunque cada caso es diferente según la empresa, y deben ser los responsables financieros los que analicen su casuística y las diferentes vías que les ofrezcan sus entidades bancarias.

Conclusión: anticípese a sus problemas financieros y planifique adecuadamente, dentro de sus posibilidades y las de su empresa, para no estar siempre a los pies de los bancos. Si acude mal y tarde, se darán cuentas de sus necesidades y le propondrán unas condiciones menos beneficiosas que las que pudiera obtener en caso de haber acudido en el momento justo. Estudie con detenimiento sus balances y sus presupuestos, y realice una programación intentando reducir riesgos financieros que le llevarán a pagar más gastos de los deseables. Además de prevenir sorpresas costosas, le servirá para ofrecer a terceros (bancos y proveedores) una imagen más fiel y seria de su empresa, lo que siempre contribuirá a hacer muchos más creíbles sus estados contables. La mujer del César, además de honrada, debe de parecerlo…

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