Y por si no lo sabías, ya lo sabes

por Luis R. Garach

Todos somos conscientes de la presencia en cualquier ámbito de nuestra existencia cotidiana de Hacienda. Al fin y al cabo, como decía el anuncio, Hacienda somos todos.

A veces no se la oye, pero estar, lo que se dice, está. Y por si a alguno se la había olvidado, ella se encarga de recordárnoslo de vez en cuando, además de festejar su XXV Aniversario.

Os traemos hoy en nuestro artículo algunas actuaciones que se están llevando a cabo dentro del plan de prevención y control del fraude fiscal que todos los años se pone en marcha y cuyas directrices, aunque son divulgadas con generosidad, parece ser que a veces caen en saco roto. Y no vale el tema de no lo sabía, no me acordaba, ya que el desconocimiento u olvido de la norma, como todos sabemos, no exime de su cumplimiento.

Dentro de ese proceloso e inmenso mar de datos sobre nuestra vida económica y de nuestros negocios que maneja la AEAT, están todos los datos facilitados por las entidades bancarias. Todas ellas están obligadas a suministrar dicho caudal de información a nuestra estimada Hacienda para que elabore los controles que estime convenientes y pertinentes.

En pocas semanas han comenzado a llegar a miles de empresas y negocios de nuestro país, unas comunicaciones, que no requerimientos, sobre la información que Hacienda ha obtenido de los bancos sobre la operativa financiera de nuestra empresa con dichas entidades durante el pasado ejercicio económico. En dicho escrito se nos informa del montante total de entradas y salidas que se han producido en nuestra cuenta, advirtiéndonos con mucha delicadeza que, a tenor de los datos que poseen de nuestro negocio, no les cuadran las cifras declaradas con los movimientos comunicados.

Es más, o menos un aviso para que lo tengamos en cuenta y no se nos olvide que Hacienda lo sabe todo y nos vigila para que lo declaremos todo y además lo hagamos bien. Y así de esa sutil forma, procedamos a comunicar, si lo tenemos, este hecho a nuestro asesor, para que nos revise todo lo que pueda y afine más aún si cabe, lo que estamos declarando y cómo lo estamos haciendo, para evitar males mayores.

Dice el refranero español, que "el que avisa, no es traidor", por lo que aquel que recibe esta misiva puede ir poniendo en marcha la máquina de una posible revisión y engrasando la materia gris para encontrar una explicación suficientemente coherente de ese posible desfase de cifras, ya sea por exceso como por defecto, ya que los extremos no son aconsejables, y en el medio, dicen que está la virtud.

En el mismo sentido que el anterior, y también sin previo aviso, se están sucediendo actuaciones inspectoras de comprobación en determinados negocios donde la utilización del efectivo es significativamente importante: talleres de automóviles, supermercados, peluquerías, etc.

Cuando menos se lo espera el contribuyente, se persona en su empresa un agente tributario o subinspector, para realizar un proceso estadístico de recogida de datos sobre los medios de pago que se utilizan: efectivo, tarjetas de crédito, etc. Posteriormente solicitan listados de facturación para comprobar que lo declarado coincide con lo ingresado en sus cuentas bancarias. La cosa está tan fresca que todavía no sabemos cómo se procederá en dichos casos, pero lo que sí queda claro es el estado de inquietud que se siembra en el tejido empresarial, en especial de aquellos que lo hacen bien, ya que el que lo hace mal, debe tener claro que tarde o temprano, le iba a tocar esta especie de lotería. El problema aquí no suele ser el reintegro (pagar más o menos para olvidar la cosa), sino que con deuda, recargos y sanciones, te toque el precio gordo. Y créanme cuando les digo, que hay un montón de gente comprando papeletas a decenas.

En el mismo sentido, y siempre dentro del plan de detección del fraude fiscal, se suele solicitar información adicional sobre la declaración de determinados gastos en nuestras declaraciones bien de sociedades bien de IRPF. El problema en este sentido radica en que Hacienda maneja datos estadísticos y los trata de aplicar sobre el terreno, cuando en realidad, cada negocio es un mundo diferente, y su estructura de gastos, con independencia del beneficio obtenido, puede ser muy diferente en cada caso particular. El objetivo en este tipo de revisiones suele ser detectar gastos no afectos a la empresa o de sus propios dueños, así como altos importes de determinadas partidas que son difíciles de encajar: atenciones a clientes, gastos de viaje sin justificar, grandes consumos de combustibles, reparaciones más cuantiosas que la renovación del inmovilizado, y gastos no deducibles, aunque en ese caso, tanto los de procedencia fiscal como los recargos y sanciones de Seguridad Social, están perfectamente controlados por los órganos de gestión tributaria. En dicho caso, prepare lo que le piden, e intente ser cauteloso con lo que desgrava y lo que no. La ley está clara y sólo la generosidad del actuario que le revise, le permitirá escapar sin sanción.

Nuestro consejo:

Haga las cosas bien desde el principio. Defraudar puede ser rentable a corto plazo, pero a medio plazo, el importe de la deuda detectada más los recargos y sanciones, podrán echar abajo su negocio. La información que se maneja en la actualidad por parte de nuestros organismos tributarios es muy superior a la que creemos, y sólo la falta de recursos humanos en estos entes públicos, impide la detección de mayor cantidad de fraude.

Fórmese en la medida de sus posibilidades y rodéese de buenos profesionales. Intente gestionar desde cero todo aquello que puede perjudicar no sólo su bolsillo, sino también su salud mental al estar pendiente de por dónde vendrá el palo de Hacienda, lo que le hará distraerse más de lo debido de su negocio.

Tributar de manera justa y acertada le evitará muchos problemas y quebraderos de cabeza. No se deje llevar por cantos de sirena de aquellos que dicen que nunca les pillan, ya que seguramente cuando lo hagan, no harán publicidad de ello, y habrán sacrificado por su conducta negligente más beneficios de los que obtuvieron y algunos años de preocupaciones inútiles. Todos sabemos que, a Hacienda, no se le espera, pero que estar, lo que se dice estar, está siempre muy cerca de nosotros. Y lo sabes...

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