En el ojo del huracán

por Luis R. Garach

Como todos los años, observamos atónitos en la pequeña pantalla, el sucesivo devenir alfabético de las diferentes tormentas tropicales y huracanes que, uno tras otro, azotan y destrozan zonas del caribe y del sur de los Estados Unidos de América. Al menos van cambiando de sustantivo y eso les permite comparar con nombre propio la fuerza o poder destructivo de este o aquel fenómeno de un determinado año.

Aquí, por el contrario, el alfabeto es muy restringido, y en materia fiscal nos hemos quedado atascados desde hace varios años en la M, aunque en este caso más que al nombre de pila, me refiero al apellido de nuestro ministro de Hacienda, el jiennense Montoro.

Aun cuando las cifras de detección del fraude fiscal empiezan a arrojar unos resultados medio decentes, aun cuando la recaudación ha aumentado casi un 7%, aun cuando la economía sigue pitando en porcentajes desmesurados con respecto al de los países de nuestro entorno, parece que todo es poco, y hay que ganarse el premio que algún organismo no gubernamental debe implementar para premiar más que la insistencia recaudatoria, si la tozudez para mosquear al personal con conductas más propias de países menos desarrollados políticamente, que el nuestro.

Me he referido en otras ocasiones al enorme crecimiento de la presión fiscal que se ejerce en nuestro país y a la ingente calidad de normativas que, en materia tributaria, se aplican en nuestras diferentes comunidades autonómicas, con fin de mantener no sólo el estado del bienestar que tanto anhelamos, sino también de procurar pingües ingresos que mantengan las redes clientelares montadas al amparo de nuestro estado de derecho. Pero cuando se legisla, regula y gobierna con tanto afán recaudatorio, de vez en cuando en conveniente poner los dos pies en el suelo y pensar que a lo mejor se nos está yendo la mano más de la cuenta y se puede generar el efecto inverso en determinados sectores profesionales caracterizados precisamente por su especialización en una materia tan delicada como es la fiscalidad.

En este sentido, los profesionales del sector económico, tributario y jurídico, asistimos atónitos a una serie de hechos que constatan, una vez más, que no todo vale en política con tal de alcanzar determinados objetivos. Y a los hechos me remito:

  1. El pretendido acortamiento de los plazos de presentación de determinadas declaraciones informativas tributarias ha levantado en armas al sector de los asesores fiscales (titulados mercantiles, economistas, graduados sociales, abogados, etc.) llegándose a recoger desde determinados colectivos profesionales decenas de miles de firmas en contra de dicha medida. Con medidas de este tipo, no se busca aumentar la recaudación directa de tributos, sino estrechar los plazos para provocar más requerimientos y sanciones que ayuden a aplicar la vía punitiva sin el más mínimo decoro. Si ya son cortos los plazos para que despachos, asesorías y empresas, cumplan con sus obligaciones, si los acortamos incurrimos en un riesgo añadido de mala ejecución y comisión de mayor número de errores, al no poder validar adecuadamente dichos datos. Y eso que con la puesta en marcha del SII, la propia AEAT dice que controla el 80% del tráfico de IVA con los contribuyentes afectados por este intrusivo sistema.
  2. Desde hace muchos años, la AEAT muestra un especial interés por diferentes colectivos profesionales donde incluso llegó a afirmar que el fraude era cercano al 35%. Dentro de esos colectivos, se ha puesto en marcha en este ejercicio una vía de intercambio de datos entre el Consejo General de Poder Judicial y la AEAT, para la remisión de datos de trascendencia tributaria relativos a abogados y procuradores en los procedimientos judiciales en los que actúan.

    Estas actuaciones de la Inspección Tributaria se encuadran en el marco de las directrices generales del Plan Anual de Control Tributario y Aduanero de 2017, en el que se prevén los requerimientos de información en relación con diversos sectores de actividad económica, entre los que se encuentra el sector de los profesionales del derecho.

    En concreto, la Agencia tributaria solicita que los responsables de las bases de datos jurisdiccionales, cedan a los Servicios de Inspección de AEAT, determinada información con trascendencia tributaria relativa a la participación de Abogados y Procuradores en procedimientos judiciales durante los años 2014, 2015 y 2016.

    Queda claro que con dicha información no se van a realizar estudios estadísticos del sector, pero si probablemente buscar la conciliación entre los ingresos declarados en sus declaraciones tributarias con los casos que han llevado a su cargo, lo cual es muy loable, aunque como todos sabemos, la fijación de honorarios profesionales no está sujeta a una tarifa estándar y, además, en los casos llevados a particulares, al no practicarse retención, el control es mucho más complicado de aplicar.

  3. Finalmente nos hacemos eco de lo publicado en diferentes medios de información económica sobre la exigencia que los servicios de Inspección de la Agencia Tributaria tendrán a partir de ahora con los asesores fiscales. En este sentido, si tropiezan con un asunto en el que advierten malas prácticas por parte de estos especialistas, lo denunciarán. Es la nueva línea que está siguiendo la Inspección en los procedimientos sancionadores cuando existen delitos, aunque no lo harán por sistema y lo estudiarán caso a caso.

    Consideramos que en este último caso, se trata más bien de una advertencia a navegantes que podrá disuadir a algún pez pequeño o mediano, pero que en el caso de los grandes bufetes y despachos, les emplaza a redoblar sus esfuerzos en materia de ahorro fiscal para sus grandes cuentas, ya que si no fuera así, se estarían conculcando derechos fundamentales de los ciudadanos, al negar a los mismos no sólo mecanismos para pagar menos impuestos, sino también negándoles el derecho a ser defendidos en caso de alguna irregularidad, y saltándose a la torera el principio de seguridad jurídica contenido en nuestra carta magna.

    Sea como fuere, la polémica está servida, y el huracán tributario sigue en perpetuo movimiento sin dar respiro a nada ni a nadie. Cuando no es, por un lado, surge por otro con mayor o menor intensidad, pero eso sí, siempre con daños colaterales que nos guste o no, siempre son difíciles de digerir.

    Así que proteja puertas y ventanas, y procure que no le pille el huracán. No le costará la vida, pero probablemente, le tiente la cartera.

Utilizamos cookies propias y de terceros de análisis de uso y medición para mejorar la experiencia de uso y contenidos de nuestra web, le recomendamos aceptar su uso para aprovechar plenamente la navegación. Recuerda que puedes modificar esta configuración.