El rincón del asesor

por Luis R. Garach

Presentación

Con la sana intención de mantener viva la llama del interés de nuestros clientes y lectores por los contenidos de nuestro boletín mensual, y dado el gran número de asesorías y profesionales que nos demandan contenidos y temas relacionados con su sector, incorporamos esta nueva sección que abordará de manera más concreta aspectos de rabiosa actualidad, que aunque más específicos de su gremio, al fin y al cabo, afectan a casi todas las empresas y autónomos que desarrollan alguna actividad económica en nuestro país.

Esperamos que los temas sean de su interés, sin olvidar que estamos abiertos a recibir sus comentarios y opiniones al respecto, con el claro objetivo de mejorar, así como de poder apuntar en la dirección correcta.

Agotador Enero.

Terminamos exhaustos el primer y agotador mes de trabajo fiscal y contable de este año, tristes conocedores de la realidad que se nos avecina en 2019, que hará mediocre en intensidad al recién finalizado cuando se le sume a nuestra larga lista de tareas y presentaciones, el aplazado modelo 347 que tanta trascendencia informativa tiene ante la AEAT.

Como todos los años, cuando aún no nos hemos recuperado de los atracones alimenticios de las celebraciones navideñas, y las burbujas de los excesos alcohólicos nublan nuestras entendederas, son decenas de miles los profesionales y cientos de miles de empresas los que ponen en funcionamiento la compleja maquinaria para llevar a cabo los diferentes procesos de cierre contables previos a la presentación de las habituales declaraciones fiscales, acompañadas como suele ocurrir en todos los finales de año, de las útiles declaraciones informativas que debemos elaborar para dejar bien cerrado el año concluido.

Aquellos que llevamos decenas de años en la profesión, intentamos como siempre programarnos adecuadamente para no ir con el agua al cuello y conseguir realizar con el menor número de incidencias y errores posibles, las pocas o muchas liquidaciones (según el tamaño del despacho o de la empresa) que hay que tramitar en tan corto espacio de tiempo.

Aunque las intenciones de mejora en la atención a clientes en cualquier despacho o asesoría que se precie, son superiores por cada ejercicio que pasa, siempre hay algo que nos descoloca y obliga a tomar medidas no deseadas que siempre ocasionan perjuicios a las partes implicadas:

Presentaciones domiciliadas en las personas jurídicas: 5 días o más en algunos casos, como consecuencia del pago mediante entidad bancaria de los impuestos, ya que aunque algunos esperan al pitido final para hacerlo mediante NRC (N.º de referencia completo para pago de impuestos y presentación telemática que se realiza en el mismo día en que se efectúa el pago), la utilización de dicho método está limitado a unas empresas muy concretas (grandes empresas con personal muy formado, o pequeñas empresas con problemas de tesorería, por poner dos casos habituales).

Tiempo necesario para conciliar las operaciones realizadas con las empresas con las que operamos, el cual depende no sólo de nuestros sistemas informativos y contables, sino también de la eficiencia de sus sistemas y del personal debidamente preparado que posean para hacerlos útiles y rápidos.

Nivel de complicación creciente en el N.º de datos que se debe suministrar en este tipo de declaraciones, con el fin de acotar los datos que tienen especial trascendencia tributaria para su tratamiento. Hay modelos como el 390 (IVA), cuyo crecimiento y complejidad, es mayor cada año que pasa, por no hablar del 200 (Sociedades) que ya mismo tendremos en nuestras manos.

Respeto casi elevado a la categoría de temor, ante el régimen sancionador existente en la AEAT ante el suministro de datos de carácter informativo de forma errónea. No nos referimos a dejar de realizar el pago de un tributo, sino al simple hecho de facilitar datos erróneos que no supongan quebranto económico a las arcas públicas. No se pasa ni una, ya que todo supone sanción por muy leve que se considera la misma.

Todo esto unido nos lleva a extremar la vigilancia sobre la coherencia de los datos que se deben transmitir en las mencionadas declaraciones informativas que son la auténtica base de datos que la AEAT utilizará no sólo para liquidar los consiguientes impuestos directos (Renta y Sociedades), sino también para poner en marcha la maquinaria inspectora con el fin de analizar, vigilar y detectar, cualquier tipo de conducta defraudadora de cualquier contribuyente.

Con este complicado panorama que exponemos, se han presentado las liquidaciones recogidas en el calendario de la AEAT para este mes, las cuales se completarán con el respetado modelo 347 que por última vez se presentarán en este mes de febrero, para, como hemos comentado, mudarse el año venidero al mes de enero.

A pesar de un par de caídas en los sistemas informáticos de las AEAT que impedían presentar correctamente algunas declaraciones, especialmente en el modelo 303 durante un par de jornadas, el funcionamiento de los nuevos formularios web que sustituían a las antiguas aplicaciones de escritorio, ha sido muy correcto y eficiente. Creemos que la utilización de programas específicos para la elaboración de dichas declaraciones, ayuda muchos tanto a empresas como profesionales, por cuanto les permite chequear los datos a remitir a la AEAT para evitar posibles errores, más aún cuando los nuevos formularios web no admiten presentaciones que contengan errores, como es habitual. Pero eso ya depende de la economía de cada uno.

Hasta aquí todo dentro de lo considerado normal, salvo por una serie de hechos de los que nos gustaría dejar constancia para una puesta en valor adecuada del trabajo de miles de profesionales que se baten el cobre día tras día, con un claro objetivo: hacer más fácil a sus clientes todo este entresijo de liquidaciones fiscales y suministro de datos correctos a las administraciones públicas:

Es gratuito y poco acertado considerar que el cierre de un ejercicio no es poco más que un cuadre y suma de los trimestres anteriormente presentados para evacuarlo en un impreso resumen informativo. Aquellos que emiten dicho juicio conocen muy poco o hablan de oídas de algo que a medida que crece el importe y el número de datos a tratar, es un ejercicio de precisión milimétrica. Aquí los errores se pagan, y no sólo por falta de ingresos, sino como hemos visto, con el traslado erróneo de los mismos. En una empresa que realiza un solo modelo, la cosa se lleva más o menos bien, pero cuando en un despacho de mediano calibre por no irnos a los grandes bufetes, las declaraciones se cuentas por decenas, los sistemas y filtros para que no se produzcan errores y se lleve todo al milímetro, deben estar basados en una preparación esmerada y un seguimiento estricto de todos los datos que se han producido a lo largo del año. Y eso, queramos o no, tiene un coste elevado, no sólo por los medios humanos precisos y su adecuada cualificación, sino también por los medios técnicos (software y hardware) que deben poner al servicio de sus clientes. Debido al acortamiento de los plazos para la presentación de las diferentes liquidaciones, se trabaja con un stress y una presión enorme, lo cual, tarde o temprano, pasa factura.

Basándonos en las afirmaciones del punto anterior, nos encontramos un segundo aspecto que pone aún más en valor el trabajo de dichos profesionales, y que no es otro que la conciliación de todos los datos de las declaraciones para que no se produzcan discrepancias entre los diferentes impuestos. Esto que parece muy sencillo, no es conveniente dejarlo para el final ya que nos puede ocasionar desagradables sorpresas no sólo por tener que presentar declaraciones rectificativas posteriores sino también como consecuencia de los desfases que nos detecten. Cuando se cierran en el mes de enero la mayor parte de las declaraciones informativas, tenemos que tener muy claro que dichos datos se reflejarán adecuadamente en nuestro cierre anual y que el resultado que vamos a declarar ya sea en Sociedades o en Renta, lo tenemos que prever casi al 100% si de verdad nos queremos considerar asesores adecuados de nuestra empresa y de nuestros clientes. Si no lo hacemos así, en esta profesión la expresión luego, casi siempre significa problemas, sanciones e intereses de demora.

Los dos puntos anteriores se concretan en un tercero que ya he comentado en pasados boletines y que cada vez me encuentro más en el día a día: las mal llamadas “asesorías” low cost. Por un lado, tenemos a despachos de profesionales, cualificados, con medios técnicos adecuados y una programación esmerada de seguimiento del cliente, sabiendo por donde va en cada momento la marcha de su empresa, y que simultáneamente a la presentación de sus declaraciones informativas, tienen casi perfilado el resultado del ejercicio que termina e incluso las desviaciones que se han producido en el mismo con respecto a años anteriores. Nos guste o no, eso tiene un coste, y si Usted quiere ser asesorado adecuadamente, tiene que pagarlo, aunque ese sí, se encontrará un amplio abanico de precios para recibir dicho servicio. Haciendo un paralelismo, es como el mercado automovilístico: con todos mis respetos, no es lo mismo una marca india, china o coreana que un coche de fabricación alemana o sueca. Y en medio hay muchas opciones. Pero es que, debido a la enorme crisis económica, uno de los sectores más vilipendiado ha sido el del asesoramiento profesional de empresas. Y en ese hueco se han metido las mal denominadas asesorías low cost. ¿De verdad que son asesorías? Más bien rellenan impresos por doquier con los datos que sus clientes les facilitan, y que incluso, ellos mismos meten en el software gratuito que les ofrecen. Y aunque eso nos permite cumplir con nuestras obligaciones en forma y casi siempre en tiempo, no asesoran, ya que les da igual que nuestra empresa o negocio vaya mal, bien o regular. Ellos cumplen con lo que ofrecen a muy bajo precio: realizar las liquidaciones y transcribir nuestra contabilidad. Ahora, si vamos quebrados o nos va a crujir Hacienda a final de año, eso es sólo un problema nuestro. Si el banco nos pide un balance para estudiar una operación, nos mandan lo que sale sin análisis previo ni nada que se le parezca. Está claro en este caso, que nadie regala duros a cuatro pesetas, y por tanto creo que el tema de los honorarios profesionales del asesoramiento se nos ha ido de madre y está ocasionando un grave problema en este gremio, fundamental como colaboradores en la gestión de la Agencia Tributaria y como auténticos asesores de cientos de miles de empresarios y empresas que no tienen por qué ser expertos en contabilidad y economía, sino auténticos generadores de riqueza y de empleo.

El sector de los despachos profesionales y asesorías está en un continuo tira y afloja de oferta y demanda, más aún desde 2008 con los efectos de la brutal crisis económica. La supervivencia de miles de pequeños despachos de cercanía depende en gran medida de la adopción de las medidas oportunas para renovarse y poder prestar sus servicios de una manera más lógica:

Utilización de nuevas tecnologías con software especializado (hay miles de aplicaciones incluso a coste cero)

Puesta a disposición del cliente de herramientas de intercambio de datos y aplicaciones integradas para un correcto y rápido traslado de datos (cloud computing)

Suministro de información permanente sobre la marcha de su empresa, incluso facilitar la formación de los empresarios y su personal para que ellos mismos colaboran en dicha gestión y reduzcan sus costes administrativos y por tanto de asesoramiento externo

Especialización del personal del despacho en las diferentes materias que ofrece al público. No hace falta ser un gran despacho para contar con buenos profesionales preparados, basta un poco de ética y de honradez.

Especificar al cliente cuáles son nuestros servicios y qué ofrecemos como diferencial con la competencia. Explicar y justificar nuestros honorarios es fundamental para que el cliente comprenda cómo y con quién está trabajando.

Creemos sinceramente que las anteriores son algunas de las posibles vías que nos ofrece el mercado ya que, si caemos en abaratar o regalar precios por miedo a que el cliente se marche a una “asesoría” low cost, tendremos que plantearnos seriamente nuestro modelo de negocio o incluso, el propio negocio.

Y queramos o no, por circunstancias del mercado, son los meses de enero y febrero cuando mayor es el número de empresas que deciden dar el paso de cambiar de asesoría, bien por motivos claramente económicos buscando una rebaja de costes o en la mayoría de los casos, por precisar otro tipo de asesoramiento más completo y especializado.

A lo mejor es hora de pasar al ataque y poner en valor todo aquello que ofrecemos como profesionales a diferencia de aquellos otros que casi regalan sus servicios ya que lo que se dice asesorar, asesoran realmente, muy poco.

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