La pescadilla que se muerde la cola

por Luis R. Garach

Esta habitual expresión que se utiliza en nuestro país para reflejar aquellos problemas que casi nunca tienen solución, puede ser perfectamente extrapolable a la situación de nuestro mercado laboral en relación con las actuaciones que lleva a cabo en el mismo, la temida Inspección de Trabajo.

Al igual que la Agencia Tributaria y otros organismos de control, la Inspección de Trabajo desarrolla anualmente diferente planes de actuación encaminados a controlar, vigilar y revisar el cumplimiento de las diferentes normativas que regulan las relaciones entre empresas y trabajadores, haciendo especial hincapié en determinados apartados cuya problemática es muy acuciada en la actualidad:

  • Proliferación de la contratación temporal
  • Utilización en precario de los contratos a tiempo parcial, en prácticas o formativos
  • Cumplimiento de la jornada laboral
  • Discriminación por motivos de discapacidad, sexo o procedencia geográfica (inmigrantes)
  • Disminución de la brecha salarial por motivos de género
  • Vigilancia de la Salud y Prevención de riesgos laborales
  • Economía sumergida (ausencia de contratación o contratos en fraude de ley)
  • Falsos autónomos

En algunos de los aspectos reseñados, más que pescadillas, encontramos cangrejos, ya que no sólo no salimos del círculo, sino que además, damos paso en sentido contrario, especialmente en dos: en el cumplimiento de la jornada laboral y en los falsos autónomos.

Los motivos de ello son complejos de analizar pero basta estar un poco en contacto con el mundo empresarial y moverse en la economía real para sacar ciertas conclusiones muy lógicas, siendo la principal aducida por la mayoría de los implicados, la consabida gran crisis económica de la que parece que estamos saliendo:

  1. Cumplimiento de la jornada laboral

    Dado el enorme coste que los empresarios satisfacen de cotizaciones a la seguridad social, especialmente en sectores con gran riesgo en el ejercicio de la profesión (construcción e industrias anexas), se intenta contratar en jornadas a tiempo parcial para después prolongar las mismas en base a la demanda de producción que la empresa debe soportar. El fraude es múltiple por cuanto: la empresa cotiza por menos horas de las que el trabajador desempeña, el trabajador cotiza también por menos horas perjudicando su previsible desempleo, su futura pensión, y además facilitando la comisión de un fraude fiscal por cuanto percibe cantidades que no tributan en IRPF ni cotizan a la seguridad social. La empresa casi se obliga a generar ingresos no declarados, para afrontar el pago de esos salarios que no se declaran.

    Sinceramente pensamos que los perjuicios son mayores que los beneficios de este ahorro, no sólo por lo analizado a efectos de tributación y cotizaciones, sino también por los riesgos de sufrir un percance laboral en horas fueras de las reflejadas realmente en el contrato de trabajo. Sería conveniente para generar más empleo y de más calidad, apostar por una reducción de las cotizaciones sociales de las empresas pero claro está, habrá que buscar ingresos de otras fuentes para compensar dicho desfase.

    La principal actuación de la Inspección en este sentido, es la revisión de los partes de control de asistencia al puesto de trabajo en caso de jornadas de tiempo parcial, así como de los contratos registrados. La gente se duerme en los laureles y sólo se acuerda de rellenar los correspondientes partes cuando el inspector se persona en la puerta de nuestro negocio.

    No estaría de más que la Inspección también actuase en sentido contrario, vigilando la jornada que se desarrolla en ciertos sectores empresariales, donde a pesar de tener el trabajador jornada completa, la misma se prolonga esta hasta límites insospechados, perjudicando no sólo la conciliación de la vida familiar (esa que tanto aparece en las memorias anuales de las grandes entidades), sino también su salud mental debido a la presión a la que se le somete para poder conservar el puesto de trabajo y evitar incómodos traslados geográficos que lo aboquen a un despido por causas objetivas con la consiguiente reducción de indemnización.

    Aunque parezca mentira, hay miles de empleados en dichos sectores, desarrollando jornadas laborales de 12-13 horas diarias, y tele trabajando desde sus hogares los fines de semana y fiestas de guardar para que sus empresa saneen sus cuentas de resultados aún a costa de sacrificar sus vidas y a sus familias. Y eso, tarde o temprano, les pasa factura.

    Jugar con el miedo de los padres de familia es una práctica empresarial que debería estar perseguida por la Inspección de Trabajo y sin embargo se consiente y permite mucho más de lo que creemos. La consabida crisis económica que tanto daño nos ha hecho y la reestructuración de determinados sectores fundamentales para nuestro país a costa de fondos del erario público, no sólo ha supuesto un empobrecimiento de nuestra economía sino un empeoramiento y deterioro de las condiciones de empleo que no sabemos a ciencia cierta cuándo podremos recuperar.

  2. Falsos autónomos

    La falta de flexibilidad de nuestro mercado laboral por la reducción progresiva de las modalidades de contratos de trabajo, las altas cotizaciones que soportan las empresas, y la realización de tareas basadas más en el esfuerzo comercial propio que el del propio colectivo, han ido generando un importante número de los llamados falsos autónomos. La creación de la denominada Tarifa Plana para aquellos que se incorporan al mundo del autoempleo, también ha propiciado un notable incremento de este tipo de autónomos que en muchos casos, prefieren probar de esta forma y dejar de engrosar las largas listas del paro.

    Dicen nuestro querido refranero, que “hecha la ley, hecha la trampa”, y como somos un país muy atrevido e innovador, en cuanto la inspección empezó a detectar este fenómeno, aparecieron nuevos sistemas para seguir perpetuando el fraude en este sentido: las cooperativas de trabajo asociado para autónomos, donde por una cuota mínima, el autónomo se hacía socio de la misma y podía facturarle a la empresa que requería sus servicios.

    Ahora los que se han echado al monte pero no para ocultarse sino para detectar posibles fraudes, han sido la inspección de trabajo y la propia AEAT, persiguiendo este tipo de prácticas defraudatorias que tanto daño hacen a las arcas del estado.

    Hace unos meses, ya analizamos desde este boletín este fenómeno de los falsos autónomos, y aunque se está persiguiendo con intensidad, creemos que en determinados perfiles laborales: comerciales de captación, profesiones especializadas dentro del mundo de la construcción, o algunas prácticas profesionales, las circunstancias de dichos oficios y las condiciones en que desarrollan sus tareas laborales, arrojan tanto luces como sombras, que deben ser analizadas en profundidad para no ocasionar por exceso de celo, una destrucción considerable de puestos de autoempleo que han contribuido notablemente a reducir las listas del desempleo y ofrecer una salida laboral a muchas personas que ya habían perdido la esperanza de poder trabajar para llevar el sustento a sus hogares.

    La normativa para el desempeño del trabajo autónomo en muchos países europeos apuesta por facilitar las condiciones de cotización y de tributación de estos colectivos, al contrario que en nuestro país, donde, a pesar de la aparición de la tarifa plana de autónomos, el resto del colectivo soportar unas cotizaciones sociales muy elevadas y una tributación mucho más rígida y constreñida que aquellos que perciben una nómina.

Conclusiones:

Tampoco estaría demás, que el régimen sancionador que se aplica por parte de la Inspección fuera más laxo ya que a veces, más que intentar corregir una conducta incorrecta, se está poniendo en peligro la propia continuidad de miles de pequeñas y medianas empresas a las que se les exige lo mismo que a las grandes corporaciones pero con una ligera diferencia: los presupuestos que unos y otros pueden o no destinar a prestigiosos bufetes de abogados de caros trajes y corbatas de seda, a la hora de recurrir las posibles sanciones que se les impongan. Y es que nos guste o no, la igualdad puede funcionar con diferentes matices y velocidades. Y tristemente, eso no es justo.

Esperamos sinceramente que nuestro mercado laboral mejore a lomos de ese brioso corcel que parece que es nuestra boyante economía, y que poco a poco mejoren no sólo las condiciones de empleabilidad de los millones de trabajadores que deben buscar el pan de sus hogares, sino lo que es mucho más importante: la sostenibilidad de sus futuras pensiones y de un sistema que por mucho que critiquemos, es el mejor que tenemos y tendremos en muchas generaciones. Y eso, depende de todos.

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