El rincón del asesor | La resilencia del asesor

por Luis R. Garach

La resilencia del asesor

 

Como bien saben, soy un enemigo declarado de los anglicismos que, cada día más, intentan conquistar nuestro lenguaje, ya sea el habitual de los negocios o el más coloquial y juvenil que utilizan nuestras nuevas generaciones, ambos siempre impregnados por las tendencias económicas y tecnológicas.

Sin embargo, hoy me quedo con una palabra que lleva unos años muy de moda y cuyo origen procede del latín: resilencia. Proviene de la palabra latina “resilio” que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar. En la actualidad entendemos la resilencia como la capacidad de los seres humanos para adaptarnos de forma positiva, a situaciones normalmente adversas.

Y de eso, créanme, entendemos los profesionales del mundo de la asesoría un pelín más que la media aritmética de la población de este país. Es una de las “ventajas” que tiene moverse casi siempre, entre dos fuegos intensos que nos llevan casi a asumir con naturalidad, la fragilidad de nuestra posición en el ejercicio de esta profesión.

Ustedes me preguntarán, cuales son esos dos fuegos, y yo amablemente, se los presentaré:

  • El fuego que nos alimenta: nuestros clientes. Siempre insatisfechos por muy diversos motivos: o les sale a pagar mucho (IVA, IRPF, Sociedades, etc.) o les devuelven poco (Renta).
  • La Administración Pública en sus diferentes facetas: autoridades tributarias (nacionales, autonómicas, locales), y los organismos de la Seguridad Social.

Tirando de nostalgia, nuestras relaciones con ambas fuentes de “conflicto” se parecen mucho a la letra de una canción de los años 80 de un barbudo cantante de origen cordobés llamado Emilio José: “Ni contigo ni sin ti, tiene mis males remedio. Contigo por que me matas. Sin ti, porque yo me muero. Ni contigo ni sin ti.”

Les argumentaré con casos reales como la vida vista, de dónde procede esa poderosa resilencia que, con el paso de los años, desarrollamos en el ejercicio de nuestra profesión.

  1. Los clientes

    Con mayor o menor periodicidad, afrontamos la realización de las liquidaciones de nuestros clientes dependiendo del tamaño de su empresa y de los impuestos a los que están sujetos.

    Gracias a nuestra querida AEAT, los plazos para la elaboración de dichas liquidaciones se han ido estrechando y menguando cual tela de baratillo que encoge al primer lavado. El resultado de ello no es otro que el mosqueo perpetuo en que la mayoría, asesores y clientes, nos movemos en cada una de esas ocasiones de conflicto: los papeles en que se basan esas liquidaciones llegan a nuestras manos tarde y mal debido a la relajación de aquellos a los que este procedimiento les resbala, ya que suelen pensar casi siempre, que la música no suena para ellos. Ello unido a la escasa preocupación de muchos clientes por los temas administrativo-fiscales de su empresa, ocasiona pues una situación incómoda cuando reciben el resultado de sus liquidaciones. Jolín, nos sale a pagar mucho. ¿No podrías dejarlo en menos?, suele ser lo primero que nos comentan. Pero por mucho que queramos, poco podemos hacer. Si no has traído la documentación antes y no has demostrado demasiado interés en atender nuestras súplicas, pues eso es lo que hay. Y la cosa irá a peor cada vez, ya que los mecanismos de control tributarios se estrechan día a día, y las conciliaciones se realizan de forma muy más rápida y eficaz.

    Un capítulo especial en este sentido lo merece la campaña de renta. Si ya explicar un tema bastante sencillo para los iniciados como puede ser el IVA (Repercutido – Soportado) o las retenciones de IRPF en nóminas y alquileres, por no hablar de Sociedades (Ingresos – Gastos), la renta nos depara el mayor número de expresiones ¿y por qué me devuelven tampoco?

    Créanme cuando les digo que nos hartamos de dar explicaciones en estos meses en dicho sentido y que ni el cambio de los planes de estudio en materia tributaria en la enseñanza básica durante los próximos 50 años, podrá parar ese sentimiento innato en nuestra cultura mediterránea: yo siempre pago muchos impuestos y los demás, pagan menos. ¿Por qué siempre me toca a mí? Si Usted no piensa así, forma parte de un selecto club de divergentes.

  2. Las Administraciones Públicas

    Uno de los principios consagrados en nuestra constitución, es que los ciudadanos tendremos que satisfacer los correspondientes impuestos para el mantenimiento de los servicios que el Estado nos presta, y de ellos, se encargan las administraciones públicas, nos guste más o menos.

    De entre todas las administraciones con las que nos toca lidiar, la mayoría de los profesionales y empresarios debemos relacionarnos con Hacienda y la Seguridad Social.

    Y tenemos que tener claro que ambos casos, se legisla no sólo para recaudar los tributos y cotizaciones precisas para el mantenimiento del sistema, sino también para administrar dichos recursos y velar por el cumplimiento estricto de las leyes y normativas a los que todos estamos sujetos.

    El principal problema con el que nos encontramos es la enorme catarata de normativas y cambios de legislación a los que se enfrenta no sólo el cliente como sufridor impenitente y pasmado, sino los propios profesionales del asesoramiento que ya no saben por dónde coger tanta modificación, lo que provoca enormes dudas en su aplicación y por que no decirlo, constantes encontronazos que casi siempre, se resuelven a favor del más poderoso, en este caso, el estado.

    Y como muestra de ello, una reciente resolución de un recurso presentado por un asesor por la no aplicación de la tarifa plana a un nuevo autónomo como consecuencia de la operación quirúrgica urgente de uno de sus empleados. El trabajador tuvo que se intervenido de suma urgencia al presentar un grave cuadro de peritonitis (fruto de una anterior negligencia médica). Sus encargos quedaron pendientes dada su gravedad y sus compañeros no pudieron acceder a sus ficheros (LOPD, claves de acceso, etc.). Cuando mejoró su estado de salud, se pudo comprobar que el alta inicial que debía hacer el mismo día de su intervención, no se había tramitado en el mismo mes que el correspondiente alta censal del autónomo, y aunque el retraso no alcanzó los 30 días (si se admite un alta con una demora de 30 días tramitada en el mismo mes), la Seguridad Social no admitió el recurso, limitándose a decir que la ley es la ley, y que no advierte motivos suficientes para modificar la resolución adoptada, que no sólo perjudica al nuevo trabajador autónomo, sino también a la asesoría que tendrá que indemnizar a su cliente.

Conclusiones:

En el noble oficio de los curtidores de piel, se enseña desde el primer momento, que el buen trabajo se realiza golpeando una y otra vez la materia prima para dejarla suave y perfectamente igualada para utilizarla en los diferentes procesos de producción.

El oficio de asesor es muy similar en este sentido: se nos curte a golpes metafóricos con el paso del tiempo, muchos de las administraciones públicas que a veces nos ven más como un colaborador del cliente para la defraudación que como un agente social preciso para lograr una tributación y unas cotizaciones ajustadas a ley, y otros, por qué no decirlo, de nuestros propios clientes que no valoran en muchas ocasiones la dificultad de nuestro trabajo y el riesgo inherente que el mismo conlleva.

No sólo tenemos que conocer la ley y sus reglamentos para proceder a su correcta aplicación, sino que además debemos adivinar cuál será el camino que seguirá el organismo de turno con el que tendremos que lidiar en caso de que surja cualquier controversia.

Nos movemos en el estrecho filo de la navaja: la implacable aplicación de la normativa para que nuestro cliente no pueda ser sancionado y el estrecho margen de confianza de nuestra clientela que siempre quiere pagar menos impuestos y además nos demanda una rebaja de nuestros honorarios para equilibrar sus ajustados presupuestos.

Trabajar en un entorno tan complicado y estresante no es bueno para nadie, y menos para los profesionales que se dejan las pestañas fuera de su habitual horario laboral para seguir formándose y preparándose de cara a prestar un mejor servicio sujeto a tantos factores de imprevisible control.

Como decía el antiguo anuncio de televisión sobre detergentes: “busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo”. Se les olvidaba decir que el precio en este tipo de servicios suele estar reñido con la calidad, y que el tema low cost sirve en argot taurino, para una labor de aliño, pero no para una faena seria y de puerta grande.

Por eso, cuando le hablen de resilencia, mire a la cara a su asesor y póngase en su pellejo. No verá ese diploma colgado en la pared de su despacho, pero sepa a ciencia cierta que, si es buen profesional, ese título lo lleva en la piel grabado a sangre y fuego. No lo dude.

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