En su justa medida

por Luis R. Garach

En Software DELSOL estamos de celebración. Con este boletín alcanzamos los 50 números de este proyecto que nació, como no podía ser de otra forma, auspiciado por el tremendo espíritu de emprendimiento que se respira en todas y cada una de las decisiones que se adoptan en esta empresa.

Asumimos de esta forma un nuevo reto: ofrecer cada mes información sobre determinados aspectos de índole empresarial que fueran de interés para aquellos que pudieran dedicarnos unos minutos de su tiempo. Con una cartera de más de 50.000 clientes forjada en nuestros primeros 25 años de existencia, estamos muy  acostumbrados a seguir innovando constantemente. Nos lo pide el cuerpo y la variable legislación que afecta a nuestro software constantemente.

Entendemos emprendimiento como la actitud y aptitud que toma un individuo o una organización, para iniciar un nuevo proyecto a través de ideas y oportunidades. Queda claro que en cualquier sociedad que se precie y quiera progresar, el motor principal que debe impulsar dicha tendencia, deben ser los empresarios y emprendedores que, al fin y al cabo, generan riqueza y empleo como firme compromiso que asumen desde que ponen en marcha sus proyectos.

En estos 49 boletines anteriores, no me duele en prendas decir que me he referido en muchas ocasiones al importante papel que juegan en este enorme tablero de nuestra economía global, no sólo las empresas sino también los diferentes colectivos y organizaciones empresariales que, de manera general o sectorial, agrupan a aquellos empresarios y emprendedores bien por su actividad bien por su localización geográfica o, como es en algunos casos, por razones de su edad.

He tratado de defender y poner en valor, el auténtico papel dinamizador que esos empresarios, emprendedores y organizaciones aportan a una sociedad que, seamos sinceros, todavía no otorga a estos colectivos el verdadero valor que en otros países si se les reconoce.

Queda claro que es un largo camino que nos queda por recorrer para situarnos a la altura de países de nuestro entorno o del propio G20 donde no sólo se aplaude a dichas personas, sino que también se les protege para que su extenuante labor no caiga en saco roto. En esa materia, somos tremendamente deficitarios y nos queda aún un largo camino por recorrer.

Hace unas semanas, tuve el placer de poder asistir a una nueva entrega de los premios AJE ANDALUCÍA en las modalidades de Trayectoria Empresarial e Iniciativa Emprendedora, en esta edición 2019, que se celebró en Jaén, la capital del Santo Reino, y porqué no decirlo, la capital mundial del aceite de oliva.

Una vez más, y van unas cuantas, pude observar el enorme potencial que los emprendedores y empresarios andaluces ponen al servicio de esta tierra para ser, no sólo pioneros en determinados sectores productivos, sino también auténticos líderes en sectores estratégicos de nuestra economía. Hay un tremendo potencial por descubrir y por qué no decirlo, apoyar para que contribuya de manera decisiva en el despegue definitivo de esta aletargada comunidad que a veces se adormece instalada en una complacencia mal entendida. 

Reconozco que, dada mi trayectoria en estos colectivos, existe un sesgo cariñoso hacia organizaciones como AJE ANDALUCÍA, al haber formado parte activa de la misma desde hace ya casi 20 años, alguno de ellos, en sus órganos directivos.

Pero no es menos cierto que pude comprobar de primera mano y con un inusitado alborozo, un sutil cambio de tendencia en la intervención de sus diferentes presidentes (provincial, autonómico y nacional) en cuanto a las reivindicaciones de este colectivo no sólo hacia la sociedad actual, sino también hacia las diferentes instituciones y organismos oficiales que tanto tienen que decir y aportar en la gestión que tanto demandan empresarios, emprendedores y organizaciones, para poder desarrollar su verdadero papel en la economía actual.

Está incluido dentro del ADN propio de los empresarios y de los emprendedores, ser tremendamente reivindicativos y demandar mayor atención y simplificación de gestión cuantas instituciones y organismos se cruzan en nuestro camino, pero hacerlo en presencia de todas las tendencias políticas que actualmente ocupan nuestros ayuntamientos, parlamentos e instituciones, es síntoma inequívoco de que el momento ha llegado y no podemos dejarlo pasar. Nos jugamos nuestro futuro y aquí todos tenemos que aportar para resolver esos problemas que tarde o temprano, condicionan el estado del bienestar del que tanto presumimos: empleo, educación, comunicaciones, sanidad, pensiones y un largo etcétera que se resume, en definitiva, en una sola palabra: progreso.

Tal y como dice la famosa frase pronunciada por Jesucristo: “Al César, lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios” y sin quitarle un ápice de su significado. Pongamos de una vez por todas en valor el sacrificio, trabajo y denodado esfuerzo que cientos de miles de empresarios y emprendedores desarrollan a diario por sacar adelante sus negocios y empresas, con independencia de su tamaño y sus cifras.

Que las diferentes administraciones públicas no sean un obstáculo insalvable en el camino sino un auténtico trampolín que potencie la actividad empresarial. No es necesario conceder cuantiosas subvenciones y ayudas económicas por doquier. Está muy bien ese tipo de apoyos, pero es casi mejor simplificar trámites y reducir burocracia administrativa para que todos, grandes y pequeños, se pongan en marcha y empiecen a caminar por la senda adecuada. Para correr hay que comenzar a andar. Y ese primer paso, es el más complicado.

Por último, queda otra tarea que no es baladí: convencer a toda la sociedad española de que el empresario y el emprendedor no es un monstruo deformado que se aprovecha de sus empleados, los explota y defrauda impuestos siempre que puede y no lo pillan. Esa versión tan sumamente simplista de este colectivo está demasiado inoculada en nuestro acerbo cultural y no será cuestión de días cambiar dicha tendencia. Una sociedad con información sesgada y con poca formación, siempre tiende a ser maniquea y, por tanto, distorsiona con facilidad sin poner en valor lo que si lo tiene. Y el empresario con contadas excepciones, no suele tener buena prensa.

Como epílogo a este boletín conmemorativo, les dejo mis conclusiones (empíricas de primera mano) y algunos ruegos para que cada uno saque sus propias conclusiones:

  1. Vaya desde aquí mi reconocimiento a todos aquellos que un día se levantaron cansados después de no pegar ojo y decidieron que iban a ser empresarios para ganarse la vida y sacar adelante sus familias. Les garantizo que es una sensación digna de estudio científico que alguna vez en sus vidas deben probar. Imprime carácter, reduce el absentismo laboral y aumenta el rendimiento cerebral.
  2. Doble ración de reconocimiento a aquellos que además de optar por dicho camino, decidieron un día formar parte de uno de esos muchos colectivos u organizaciones que luchan por dignificar el papel de esos empresarios y apoyarlos en su ardua tarea. Sus familias probablemente no les perdonen nunca y les demandarán que enjuguen ese tremendo déficit con contrajeron al asumir dichas competencias.
  3. A las instituciones y organismos oficiales sólo rogarles que se rodeen de auténticos técnicos con experiencia en las tareas empresariales ya que es mucho mejor conocer los toros desde la arena que desde la barrera. Gestionar con eficiencia y rapidez, supone un ahorro de costes y lo que es más importante, aporta cotizaciones sociales y recaudación tributaria al crear más puestos de trabajo y posibilita la realización de nuevas inversiones.
  4. A la sociedad actual, para que apueste decididamente por formar a las nuevas generaciones en el respeto, la igualdad, los valores y la cultura del esfuerzo. Si olvidamos lo fundamental, el futuro se presenta incierto y complicado. Un autónomo, un empresario o un emprendedor, no son problemas para nuestra sociedad. Muy al contrario: son artífices del tremendo potencial que alberga nuestra tierra y una muestra más de nuestro carácter inequívoco de buscavidas.

Para terminar, agradecerles desde Software DELSOL y en mi propio nombre, la atención que prestan mensualmente a nuestro boletín. Esperamos seguir contando con Ustedes otros 50 números como mínimo.

Aprovecho para desearles un feliz descanso en este período estival. Volvemos en septiembre con las pilas cargadas.


Luís Ramón Garach Medina

Ha sido presidente de AJE JAÉN y miembro de la junta ejecutiva de AJE ANDALUCÍA, así como junta directiva de la Confederación de Empresarios de Jaén y de Andalucía. En la actualidad y desde hace más de 10 años, desempeña tareas de asesoramiento profesional en diferentes colectivos empresariales.

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