Luchando en la retaguardia

por Luis R. Garach

Tal vez mi afición por el cine bélico influya poderosamente a la hora de escribir este artículo. Es muy difícil templar el bolígrafo y ordenar decenas de ideas que fluyen por mi cerebro después de lo que hemos vivido estas últimas semanas, y lo que es aún más duro, lo que nos queda por pasar para sobrevivir. Y cuando utilizo el término sobrevivir lo hago no sólo en su sentido de vida, sino en la más amplia afección económica que se nos pase por la cabeza.

Esta pandemia que nos azota duramente y sin piedad, es una catástrofe global sin parangón equiparable a otras muchas que ha vivido la humanidad en épocas anteriores, pero en lo que se refiere a crisis económica creo que entrará sin más remedio, entre una de las más duras de la historia, no sólo por su intensidad sino por su rápido y perverso impacto.

No quiero pecar de analista político ni mucho menos sanitario de todo lo que nos rodea. Nunca ha sido mi cometido y creo que jamás lo será. Me conformaré en términos generales con opinar modestamente y a título individual que no se han hecho bien las cosas en muchos aspectos, que se ha utilizado esta tremenda pandemia para otros objetivos diferentes de manera solapada y que, deseo fervientemente con calma y tranquilidad, que se analicen fríamente los nocivos efectos de la misma, se deriven las responsabilidades de muy diversa naturaleza que nos ha dejado, nos deja y seguirá dejando durante mucho tiempo, por parte de aquellos que la han regido y gestionado.

Hoy mi mensaje va dirigido a aquellos que han luchado en la retaguardia para mantener el tipo de todos sus clientes, grandes, medianos o pequeños, que un día confiaron en su trabajo, y ahora, en las duras, han respondido en la mayoría de los casos, con solvencia, profesionalidad, y suma rapidez.

Si en la vanguardia de esta crisis han luchado colectivos que se han dejado la vida en ello: médicos, sanitarios, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, y otros con menos riesgo pero también expuestos como personal de limpieza, reponedores, repartidores, transportistas, y un largo etcétera de profesiones no tan rimbombantes, tengo claro que en la retaguardia, dándolo todo por sus clientes, han estado los profesionales del mundo de la asesoría con independencia de su titulación e incluso, sin ella.

Economistas, abogados, graduados sociales, gestores administrativos y asesores en general, han tenido que apretar los dientes y bajar a la arena como avezados gladiadores para luchar y defender los intereses de sus clientes, así como poder ayudarles en los momentos de suma dificultad en los que esta pandemia, nos ha sometido a todos.

En este caso no hablo de oídas ya que, al formar parte de este colectivo, he vivido al pie del cañón, y afortunadamente, rodeado de un gran equipo de profesionales, la dureza de estos momentos y el tremendo esfuerzo puesto en marcha para dar soluciones a unos problemas que no sabíamos que podían existir, sino tampoco de la variación continua y la complejidad que han ido experimentando con el paso de los días.

No se trata de levantarse por la mañana y leer el BOE para ver con qué medida u ocurrencia nos sorprende hoy, sino investigar, recopilar y algo mucho más importante, confrontar con otros muchos miembros de nuestro colectivo, si lo que tenemos que hacer es lo correcto, si los pasos son los adecuados, y si haciéndolo de una u otra forma, podemos perjudicar o ayudar a nuestros clientes. Esa insoportable responsabilidad ha caído sin comérnoslo ni bebérnoslo, sobre nuestros hombros en estas semanas tan intensas que han transcurrido desde la declaración por parte de Gobierno de la nación, del estado de alarma.

Algunos hemos agotado las cajas de relajantes, calmantes y demás compuestos ansiolíticos que ayudan a conciliar el sueño, y que yacían en un rincón de nuestros botiquines. A grandes males, grandes remedios. He rememorado mis tiempos futbolísticos, cuando estando tocado, decidías infiltrarte o vendarte con tal de poder disfrutar ese derbi importante, aun a costa de una cruel recaída. Aquí la cosa, ha sido diferente: no había más remedio, o al día siguiente no nos hubiéramos tenido en pie. Había que relajarse y poder dormir unas horas, para volver a la carga con energía y lo más complicado: con cierta lucidez mental. Aquí no se podía borrar nadie ya que no nos jugábamos un ascenso o un descenso, sino la supervivencia de empresas y negocios, que está y sigue estando, muy comprometida en un elevado porcentaje.

Dicen que siempre de las crisis se suelen sacar cosas positivas ya que las negativas, saltan a la vista. Pero me quedo con algunas muy reseñables y que han sido excepcionalmente positivas:

  • La colaboración con otros compañeros de profesión que han organizado grupos de mensajes para intercambiar información sobre la manera correcta de hacer procedimientos que muchos no habían hecho en su vida. Centenares de mensajes y correos a diario y llamadas por doquier para ayudarnos los unos a los otros. Dicen que la competencia lícita, es buena. Más aún cuando la causa común es la que nos obliga.
  • El esfuerzo de nuestro personal que ha prolongado su jornada laboral muy por encima del límite legal con tal de poder dar salida al enorme caudal de trámites que cumplían, incluidos fines de semana. Al fin y al cabo, se ha creado una nueva figura jurídica: el permiso retribuido recuperable. Quién lo diría.
  • El profuso arsenal de medios y documentos que los colegios profesionales han puesto a disposición de sus miembros para dar réplica a cuantas dudas presentaban las caprichosas y variantes normas que nos llegaban después de cada consejo de ministros. No sólo es tramitar, sino leer y templar para después adoptar el camino correcto. Y no es nada fácil con tanto estrés, créanme. Mil gracias al Consejo General de Economistas, fuente natural de la que un servidor se ha nutrido en estas intensas semanas y de la que lleva 25 años nutriéndose, orgulloso de formar parte de este colectivo.

Todo ello sin obviar y poner de manifiesto, el esfuerzo denodado de la mayoría de los clientes de esos despachos y asesorías, por poder facilitarles a sus asesores y gestores, y a pesar de los múltiples obstáculos, la ingente cantidad de datos precisa para tramitar todo lo que se nos ha venido encima: ERTES, despidos, liquidaciones fiscales, cierres de ejercicios, prestaciones de desempleo y por paralización de actividad, bajas laborales por COVID 19, solicitud de ayudas de autónomos, trámite de ayudas financieras ya sean por el ICO o por cualquier otro medio, y así un largo etcétera de tareas a las que hemos hecho frente de manera conjunta y como un gran ejército luchando en la parte de atrás de esta cruel batalla.

Como dice nuestro refranero, una de cal y otra de arena. Por lo que, vista la arena, ahora toca la de cal. Y créanme cuando les diga que, habiendo para pintar varias plazas de toros y decenas de campos de fútbol, sólo voy a utilizar un par de cubos, ya que como muestra, siempre vale un botón. Y tampoco es cuestión de cansarles.

Todos somos conscientes, la inmensa mayoría, de que nadie en su sano juicio, podría prever el alcance de esta enorme pandemia y sus devastadores efectos no sólo sanitarios, sino también los económicos. Así que pasando casi de puntillas por el hecho de señalar que, en este país, como en otros muchos del que llamamos mundo civilizado,  no se han hecho bien algunas cosas, sino todo lo contrario, en el aspecto económico se ha actuado de manera muy deficiente y lo que es más grave, sin contar con una parte de los agentes sociales (los empresarios dolientes) ni con el resto de las fuerzas políticas cuya experiencia en gestión económica en anteriores legislaturas es muy extensa, ni con los profesionales adecuados en temas tan específicos como los que afectan a los distintos gremios de actividad que van a sufrir con muchas más dureza los efectos de esta crisis, ya que nadie les ha consultado ni les ha hecho caso en sus consejos o sugerencias.

En algunos de los foros profesionales en los que he participado con esta nueva moda y necesidad dadas las circunstancias que es la de los encuentros virtuales, muchos hemos coincidido en algunos aspectos muy negativos:

  • A la hora de afrontar esta enorme crisis, está genial en pensar en los trabajadores y romper una y mil lanzas por defender sus derechos. Pero señores, los trabajadores se emplean en las empresas, y si no garantizamos la supervivencia de estas, por mucho que nos duela, el empleo se destruye. No podemos poner unas normas de juego y después cambiarlas en mitad del partido. España tiene más de un 95% de tejido empresarial formado por pymes de menos de 10 trabajadores y casi 4 millones de autónomos. Una empresa es casi una familia, y si penalizamos al padre, los hijos se quedan sin trabajo y sin sustento. Podemos elegir entre susto o muerte, pero si apostamos desde arriba por muerte, no sólo cae el empresario, también lo hace el trabajador. Winston Churchill ya lo decía: “Muchos miran el empresario como el lobo que hay que abatir. Otros, como la vaca que hay que ordeñar. Pero muchos pocos lo miran como el caballo que tira del carro".
  • La mayor parte de las medidas que se han adoptado para ayudar a empresas y autónomos son lo que en el rugby se llama una patada a seguir. Nos vemos en un callejón sin salida y le pegamos una patada al balón hacia adelante para buscar espacios y encontrar una salida posterior. Y si, eso es lo que se ha hecho con las empresas: usted consigue si puede, financiación para poder pagar cuando esta crisis remita, pero mientras me liquida los impuestos (ampliando plazos in extremis sin el menor pudor o decoro), me conserva los puestos de trabajo (no se puede despedir y si hay un ERTE, después tampoco se puede hacer durante 6 meses) y además se queda en casa tranquilo mientras la hierve la sangre por dentro. Mientras tanto, no salgas, vive de lo ahorrado, y esperamos todos a que esto escampe ya que lo que era una simple gripe, resulta que es un virus letal y nos hemos estado contagiando sin saberlo desde hace muchos meses. No ha existido la prevención o ha sido mínima, y en cuanto al aprovisionamiento de material sanitario, mejor nos callamos.
  • Una de las propuestas más sonora pero que ha quedado como un globo pinchado ha sido la de poner encima de la mesa cien mil millones de euros para que las empresas soporten la crisis. Después de varias semanas luchando con muchas entidades me temo que la cosa no pinta bien. No sólo no se ha movilizado dicha ingente cantidad de dinero ya que el ICO no libera esos fondos más que con cuenta gotas, sino que, repitiendo el error de la anterior crisis económica de 2008, muchas entidades han intentado con esta herramienta, refinanciar a sus clientes más solventes, descargar sus balances y poner parte de su riesgo en manos del Estado. La verdad es que no aprendemos, y así nos luce el pelo. Ni el Gobierno ha puesto en la mesa ese dinero (son avales), ni los bancos están por la labor de ayudar al necesitado (prestan al que saben que lo podrá devolver más o menos sin problemas), ni la inyección de liquidez es la solución definitiva a este enorme problema. Es temporal y sólo se podrá materializar en algo positivo, si la actividad económica repunta y se ponen los medios para recuperar esa ansiada normalidad, la que ahora llaman “nueva” de manera muy simplista.

Para terminar, quiero lanzar a todos un mensaje muy claro: ya salimos de una crisis anterior cuya intensidad y duración fueron muy diferentes a la actual, pero lo conseguimos con el esfuerzo y sacrificio de millones de empresarios y trabajadores que se emplearon a fondo durante casi una década para revertir el desastre económico en el que nos encontrábamos.

Ahora el enemigo es mucho más silencioso y letal, y la lucha será encarnizada por que sus efectos son mucho más devastadores y nos han llegado de sopetón y “casi” sin previo aviso. Pero la esperanza es lo último que se pierde, y en el caso de nuestro tejido empresarial, donde hay un problema, surge una luz de esperanza y por qué no decirlo, muchas oportunidades de negocio. En muchos casos, habrá que innovar, adaptarse y reinventarse.

Vaya en la despedida mi más sincero pésame a aquellos que han perdido a alguno de sus seres queridos en estas semanas. Sólo os pido que sigamos luchando por recuperar la normalidad y poniendo todo de nuestra parte para procurar que la salida a esta pandemia sea lo más rápida posible y que los efectos económicos y sanitarios de la misma pueden ser superados con el esfuerzo denodado que siempre ha caracterizado en la adversidad al pueblo español. De todos depende.

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