Hacienda nos controla ahora y nos sigue controlando mucho después

por Luis R. Garach

Todos los años se publica el plan de lucha contra el fraude fiscal por parte de la AEAT. Muchas medidas se repiten año tras año, dado que suelen ser sectores muy proclives a la reincidencia en el fraude tributario. Otros sin embargo, se incorporan a esta larga lista, prueba inequívoca de la evolución de la economía de nuestro país y también del incesante crecimiento de los métodos para pagar menos impuestos, o incluso, no llegar ni a pagar. El famoso lema publicitario que decía “Hacienda somos todos”, no encuentra en determinados sectores de nuestra sociedad, demasiado interés, y son muchos los que deciden bien abandonar el barco, o como poco, intentar que navegue con menos fluidez de la que debiera.

Como bien se decía en las Sagradas Escritura, “la mies es mucha y los segadores, pocos”. Extrapolando esta frase al tema que nos ocupa, el fraude es mucho, y los inspectores, subinspectores y agentes tributarios, más bien pocos. Y aunque de un tiempo a esta parte se trata de aumentar el cerco a los defraudadores mediante novedosos sistemas informáticos con un tremendo cruce de datos entre las diferentes administraciones, no es menos cierto que el proceloso mar normativo tributario de nuestro país aderezado con las nuevas legislaciones autonómicas en esta materia, no contribuye en exceso a realizar una adecuada planificación ni por el lado de los contribuyentes que no saben a qué carta jugar, ni por el lado de los propios funcionarios, que entran en muchas ocasiones en guerras de taifas con la propia administración central para aumentar la recaudación en su comunidad, creando polémicas y enfrentamientos estériles que además cuestan en tiempo y trabajo, un enorme dispendio a ambas partes, incluso creando indefensión en los ciudadanos contribuyentes que no saben por dónde tirar en determinados supuestos.

Está claro que el papel de la administración central a través de la propia AEAT y de las diferentes administraciones tributarias autonómicas, es recaudar los impuestos para el correcto funcionamiento de nuestro país y sus comunidades, y poder invertir lo recaudado en áreas tan necesitadas como educación, sanidad, empleo, vivienda, infraestructuras de comunicaciones, y un largo etcétera de partidas (incluida la devolución de la enorme deuda que arrastramos de los años en que nuestro déficit público casi nos lleva a la intervención).

¿Nos gusta como lo hacen? Probablemente no, pagar impuestos no le gusta a casi nadie, más aún cuando determinados sectores políticos sólo prometen aumentar más y más la atención a los ciudadanos en la mayoría de los aspectos antes mencionados, pero sin decir cómo van a recaudar el enorme capital financiero preciso para hacer frente a tales desembolsos. Es lo que llamamos demagogia, aunque muchos lo confundan con ganas de cambiar la manera de hacer las cosas. No soy yo el que juzgará sus intenciones, pero si el que desbrozará un poco más esos planes tributarios de detección del fraude, que aunque creemos se han olvidado de nosotros, tarde o temprano, nos volvemos a encontrar en el camino. Veamos su proceder y analicemos algunos de los sectores que este año están “de moda” por parte de la AEAT.

Periódicamente presentamos nuestras liquidaciones tributarias, bien de IRPF, IVA, Alquileres, Sociedades, Impuestos Especiales, etc. Igualmente lo hacemos con estos mismos tributos pero de forma informativa: resúmenes anuales, declaraciones estadísticas (Intrastat, Electricidad, Clientes y Proveedores, etc.). Respiramos pensando, trimestre o año cerrado, una liberación.Pues no, estamos muy equivocados.

Nuestro grado de tranquilidad financiera que la mayoría de las veces termina cuando hemos podido satisfacer el importe de tan numerosas liquidaciones, torna al de preocupación si no hemos podido conciliar todos esos datos con los resúmenes informativos que también hemos presentado. Y torna en mayor preocupación si no existe conciliación entre nuestras propias liquidaciones de diferentes tributos, y más aún, si no hemos confrontado todos esos datos con los terceros implicados.

La AEAT (conocida coloquialmente con Hacienda) dispone de uno de los sistemas informáticos más modernos y potentes de toda Europa, y sin prisa pero sin pausa, empezará a analizar todos los datos obrantes en su poder, y sigilosamente comenzará a aplicar los filtros necesarios para llevar a cabo su plan anual de detección del fraude fiscal. ¿Cuándo puede tardar? Más de lo que debiera, ya que nos vamos relajando con el paso del tiempo, y nos suele pillar con el paso cambiado, pero es que no depende de lo detectado, sino de los medios humanos limitados que tiene, para poder iniciar las labores de investigación que debe acometer.

Por eso, en muchas ocasiones, el cruce de datos en casi inmediato, pero el error detectado es de tan poca importancia, que prefieren echar la vista a otro lado, y optar por cazar una pieza mayor (en fraude). No obstante, cada día el control es mayor, y los plazos se han acortado, lo que unido al mayor avance de los medios informáticos de las propias empresas, contribuye a tamizar un poco más aquellas conductas que tarde o temprano, pasan por caja para regularizar situación anómalas, o aquellas como son las devoluciones tributarias (de IVA, Renta y Sociedades) cuyo mayor importe siempre equivale a una comprobación tributaria más exhaustiva por parte de la AEAT.

En este ejercicio 2015, y gracias a la información que poseemos y hemos recabado, las principales líneas de comprobación a nivel de los contribuyentes de nivel medio-abajo, han sido las siguientes:

IVA

  1. En el caso de las devoluciones solicitadas, casi inmediata(de mayo a julio del año siguiente) para importes menores (por debajo de 6.000 euros) y para aquellas empresas que,habiendo iniciando una nueva actividad, hubieran realizado cuantiosas adquisiciones en bienes de inversión para el desarrollo de su actividad. Sólo en las devoluciones por importes superiores se han requerido listados y facturas de las inversiones realizadas, además de en aquellas con notorios errores de conciliación (suma diferente de los trimestres con la declaración anual)
  2. Empresas con gran cantidad de operaciones intracomunitarias y sujetas a regímenes especiales de IVA: comprobación con petición de documentación completa (listados y facturas) si solicitan grandes devoluciones. En este apartado, especial incidencia en el régimen especial agrario (agricultores con IVA del 12% y sujetos a retención del 2%). A mayor importe, mayor nivel de solicitud de documentación.
  3. Operaciones de inversión del sujeto pasivo: este novedoso supuesto permite a contratistas y subcontratistas de determinado tipo de realización de obras (artículo 84.Uno.2º.f) LIVA) aplicar IVA al 0% y sólo al terminar la ejecución aplicar el tipo correspondiente de IVA al consumidor final. Se han detectado interpretaciones excesivamente laxas en la aplicación de la norma que reducen en consecuencia la recaudación de este tributo en los pasos intermedios de la operativa. Se ha intentado legislar para evitar un determinado tipo de fraude, y se ha conseguido alentar otro diferente, aunque en este caso, tiene más importancia en la ámbito financiero (ahorro en el pago del impuesto en las fases intermedias de la recaudación) que en la recaudación definitiva que se produce al concluir la ejecución de las obras. Todo IVA que soportemos como empresa, lo podemos deducir en nuestra próxima liquidación periódica, pero si no lo pagamos, habremos obtenido en caso de obras de elevada cuantía, un ahorro de tesorería considerable, mayor cuanto más largo sea el plazo de ejecución de la obra en cuestión.
  4. Deducción del IVA en los turismos que adquieren las empresas (ver consulta107595 del Informa de la AEAT y el artículo 95 Tres Ley 37 / 1992, de 28 de Diciembre de 1992). Este filtro no es nuevo ni mucho menos, pero el umbral de revisión se ha reducido enormemente en este año. Se ha pasado de revisar lo que se consideraba un vehículo de lujo (precio superior a los 60.000 euros), a bajar el listón por debajo de los 25.000 euros. En esta problemática de larga trayectoria, conocemos de sobra los argumentos que Gestión Tributaria aplica en la mayoría de los casos, y a pesar de ello, sigue optando por los más restrictivos, excepto cuando el contribuyente afectado opte por la vía más purista y tediosa: justificación de los viajes realizados mediante los medios de prueba aceptados en derecho (presunción Iurus Tantum, o carga de la prueba que cae en quién pretende demostrar algo), personal afectado por los mismos, facturas o tickets que acrediten la realización de los desplazamientos, etc. Es una buena opción, aunque normalmente, cuando la elijamos, tendremos que soportar una revisión mucho más en profundidad de otros aspectos de nuestra empresa: facturas de carburantes, reparaciones del vehículo, amortización del mismo, retribuciones en especie del personal por el uso del turismo en horario no laboral, por no mencionar que la revisión se extenderá a otras facetas que a lo mejor nos interesa menos que se vean de nuestra operativa. Casi mejor, dar la callada por respuesta y desgravar sólo el 50% del IVA de la adquisición del turismo, dejando a ulteriores comprobaciones otros aspectos que pudieran ser más problemáticos: gastos de viaje, gastos de representación, atenciones a clientes, etc. Y si lo tenemos todo perfecto, armarnos de paciencia y de valor, y esperar que la divina providencia o el Tribunal Económico-Administrativo nos den la razón. Y créanme, la jurisprudencia positiva para el contribuyente en este caso, es inexistente.

Devoluciones de IRPF

Dependiendo del ejercicio en cuestión, se procede a la aplicación de unos filtros variables en importe y concepto, pero lo más habituales en esta campaña, son los siguientes:

  • Deducción por adquisición de primera vivienda así como en el caso de exención del incremento patrimonial por reinversión en caso de enajenación de la vivienda habitual.
  • Rendimientos agrícolas en caso de no haber recogido la cosecha (sequía, falta de rentabilidad, etc.) y sólo haber percibido la subvención asignada: el rendimiento del 9% (reducción para la renta 2014 en la mayoría de las comunidades autónomas en vez del porcentaje normal del 32% en el caso del olivar, por poner un ejemplo), se transforma en un 56%. En estimaciones directas, los justificantes de los gastos de personal y los suministros de combustibles y abonos.
  • Deducibilidad de los gastos en caso de tener bienes inmuebles arrendados: contribución, mantenimiento, gastos financieros, amortización aplicada, etc.
  • Rendimientos irregulares de cualquier tipo con aplicación de coeficientes reductores en la tributación: rescate de planes de pensiones o ahorro y rentas del trabajo en caso de prejubilaciones.
  • Rendimientos negativos en actividades empresariales en caso de haber incrementado sus bienes patrimoniales de forma manifiesta (tanto inmuebles como bienes muebles: coches de alta gama).

Devoluciones de Sociedades

De un tiempo a esta parte, centra sus esfuerzos en dos líneas de actuación:

  • Aunque son cada año menos las deducciones y bonificaciones fiscales que las empresas pueden aplicar en este impuesto (en una línea marcada desde Bruselas para unificar criterios tributarios y eliminar este tipo de medidas fiscales que culmina en la nueva reforma publicada y prácticamente, su desaparición completa), desde la publicación de la norma que impedía a aquellas entidades sujetas al Impuesto de Sociedades desgravarse más gastos financieros de los estipulados en la ley, Hacienda emprendió una completa revisión de aquellas empresas que habían deducido o anotado para posteriores ejercicios, deducciones en este concepto. La redacción de la norma es tan compleja en algunos casos que, como en otras ocasiones, ha sido la propia AEAT la que ha emitido una circular aclaratoria que gustosamente les proporcionamos al respecto por si se ven afectados en este sentido. En las pymes no tiene gran trascendencia, pero en las empresas de cierto tamaño y con altos niveles de endeudamiento, hay que hacer muy bien los números.
  • El segundo caso es más anecdótico todavía ya que consiste en revisar si las empresas deducen indebidamente los importes de las multas, sanciones y recargos que la propia AEAT impone a determinados contribuyentes con forma jurídica mercantil. La normativa es muy clara al respecto: no son deducibles fiscalmente los recargos y multas impuestas por determinados conceptos (presentaciones fuera de plazo, declaraciones incorrectas, extemporáneas, incluso actas fruto de una inspección). Y es menos clara en la deducción de los intereses de demora que nos liquidan, aunque por ahí todavía no han entrado y hasta se podrían deducir fiscalmente. Si la AEAT detecta que su empresa ha tenido sanciones, recargos o multas y no los incorpora como una corrección o ajuste del resultado contable del ejercicio (aumentando este para tributar más), le solicitará que acredite la contabilización de dichos gastos y cómo se produjo su pago. Así que no olvide contabilizarlos, incluso si ha tenido pérdidas, si no quiere que la broma le cueste un pico (20, 25 o 30 % atendiendo al tipo impositivo que aplique en dicho ejercicio).

Conclusiones

Dice que quien paga descansa, y quien cobra, mucho más, excepto con Hacienda. No sólo debemos respirar al presentar y pagar las liquidaciones tributarias de nuestra empresa, sino que debemos controlar los criterios y normas utilizados para la elaboración de las mismas, y como vimos en artículos anteriores, la conciliación de las mismas tanto entre trimestres y anuales, como en el cruce de datos entre un impuesto y otro. Sólo así podremos descansar un poco más tranquilos, ya que como vemos, algunos (Hacienda, que somos todos), no descansa.

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