Tipus de sistemes econòmics

per Software DELSOL

Un sistema económico es la manera en que una sociedad (un Estado) organiza, por un lado, la producción y, por otro, la distribución de bienes y servicios.

Cada tipo de sistema económico está determinado por la legislación del país en cuestión que define, sobre todo, quienes son los dueños de los factores de producción (tierra, trabajo, capital, tecnología y organización empresarial); estos factores pueden ser controlados y aprovechados por el Estado, como bienes públicos, o por el sector privado, siendo de propiedad y aprovechamiento privados, o a través de una combinación de ambos.

La importancia del sistema económico consiste en que va a determinar cómo se distribuye la riqueza del territorio y, además, quién y cómo se toman las decisiones de producción y por qué se hacen.

La prehistoria

Antes de comenzar la Edad de los Metales aparece, en el Paleolítico (y luego se extiende por el Neolítico) la comunidad humana donde todas las personas que allí hay realizan algún tipo de función o trabajo (cazar, pescar, recoger leña, recolectar frutos, fabricar vestido, etc.), allí los bienes de consumo están a disposición de estas personas que utilizan lo que necesitan y dejan el resto, no existen excedentes de producción, sólo se cubren las necesidades.

Todo es de todos, por eso se ha llamado comunismo primitivo, todo cuanto hay pertenece al clan.

No existe ningún tipo de organización central ni clases sociales.

Están organizados en grupos o clanes y todavía no se han asentado, siguen siendo nómadas.

Los productos se distribuyen de forma igualitaria.

Economía del mundo antiguo

Al final del Neolítico y comienzo de la edad de los metales los hombres se convierten en sedentarios.

Esto significa que construyen viviendas estables y permanecen en el mismo sitio; con el paso del tiempo van apareciendo la agricultura y la ganadería además de otras actividades productivas como la alfarería, la elaboración de metales, la confección textil, etc.

En esta nueva situación aparece la propiedad privada, ya no se consume lo que se necesita y se comparte con el clan sino que las cosas tienen un dueño.

Por ello la producción de bienes ya no se limita a conseguir lo que se necesita en cada momento sino que se busca un excedente para poder tener más cosas en propiedad y para mejorar la calidad de vida.

Para ello van apareciendo los primeros avances tecnológicos: sistemas de cultivo y cría ganadera, de elaboración de productos, etc.

También aparece el dinero en forma de monedas de metales preciosos como medio de intercambio.

Para conseguir aumentar la capacidad productiva aparece, asimismo, la esclavitud en la que unas personas se convierten en dueñas de otras: en un principio se utilizaba a los prisioneros de guerra para que trabajaran pero, más adelante, se desarrolló el comercio de esclavos y se generalizó.

El alta edad media

Tras la caída del Imperio Romano en Europa ya no va a existir, durante mucho tiempo, una organización política global sino que la sociedad se fragmenta en pequeños núcleos de población, a los que vamos a llamar señoríos, que producen para el autoconsumo y los intercambios de bienes y servicios desaparecen casi del todo.

En cada señorío hay un señor que es el dueño del suelo y de todo lo que hay en él, incluidas las personas.

La sociedad se divide en estamentos o grupos de personas que tienen unos cometidos propios y unos privilegios determinados.

En la base del sistema están los campesinos: prácticamente toda la producción de la época es agrícola y ganadera, se reduce muchísimo la de otro tipo de bienes o servicios quedando a cargo del autoconsumo.

El señor de ese territorio tenía derecho a que los campesinos le pagaran una parte de su producción además de contribuir con otros servicios o trabajos para él, a cambio él les daba protección.

En las partes de Europa donde se desarrolló el sistema feudal, que no fueron todas, el señor del territorio era, a su vez, vasallo de un señor más poderoso a través del llamado juramento de vasallaje que confería señor y vasallo una serie de derechos y deberes, continuando esta cadena hasta llegar a la cúspide que sería el Rey.

La Baja edad media

A partir del Siglo X se va desarrollando la sociedad y, con ella, la economía y la producción en Europa.

Por un lado reaparecen las ciudades como un mundo aparte del sistema autárquico de los señoríos. Muchas ciudades son independientes y se autogestionan.

Por otro lado la movilidad, los viajes, es mucho mayor que en los años anteriores, fenómenos como las cruzadas o los grandes centros de peregrinación religiosa, por ejemplo, animan a la gente a hacer grandes viajes.

La producción ya no se limita a la actividad agrícola y ganadera, aparecen los gremios en los que profesionales de los más variados sectores producen todo tipo de cosas, aunque tampoco es que exista una libertad total, para la realización de cualquier actividad productiva de este tipo se debe ingresar en el gremio (normalmente de niño) y actuar según sus normas y sus grados.

Todos estos factores originan, por primera vez en la historia, la actividad mercantil, aparecen los primeros banqueros y bancos (muchas veces son industriales de un sector que han tenido éxito en él como los Medici que eran, en origen, fabricantes y comerciantes textiles) y aparecen también instrumentos financieros que existen aún hoy como las letras de cambio, los pagarés o las cartas de crédito.

Con el tiempo los reyes tienen que empezar a contar con sus súbditos productores para cobrar y gestionar sus impuestos lo que, además, supone el origen de las instituciones democráticas actuales, es el caso de las Cortes de León convocadas por Alfonso IX y, más tarde, de la Carta Magna otorgada por Juan sin Tierra en Inglaterra.

Capitalismo

A comienzos de la Edad Moderna, en el Siglo XV, con la reforma protestante se produce un enorme cambio de mentalidad que da origen a instituciones que son el fundamento del sistema capitalista, aparecen aquí las primeras compañías mercantiles, los mercados financieros, se desarrollan aún más los contratos y títulos mercantiles que habían aparecido ya en el época medieval e, incluso, se inventa la burbuja financiera.

No son ajenos a este fenómeno los nuevos descubrimientos y conquistas geográficas como el descubrimiento y colonización de América y las nuevas rutas para llegar al Lejano Oriente. Todo esto va a suponer un nuevo acceso a nuevas fuentes de recursos económicos además de un desarrollo del comercio mucho más allá de lo que existía anteriormente.

También va a suponer la aparición del colonialismo como sistema económico en el que las metrópolis europeas dominan territorios en todo el mundo para explotar sus recursos y utilizarlos, además, como mercados para sus productos y servicios.

A partir del Siglo XVIII con la primera Revolución Industrial y con la Revolución Francesa ya aparece el capitalismo en estado puro, como lo concebimos hoy: a partir de las Ideas de Adam Smith se desarrollan todas las teorías clásicas sobre el funcionamiento y las reglas del Mercado y de las entidades productivas privadas como dueñas y gestoras de los medios de producción.

Éste primer capitalismo, basado en el liberalismo decimonónico, se funda en la iniciativa privada, la propiedad privada y la empresa privada, los factores de producción pertenecen a la empresa y los trabajadores aportan su trabajo en las condiciones que impone la empresa sin ningún tipo de control, lo que da lugar a abusos y situaciones infames.

Todo este sistema clásico capitalista fue matizado y corregido a principios del Siglo XX por las teorías de Keynes, que no lo fía todo a la autorregulación del mercado sino que requiere la intervención de los poderes públicos en la regulación e impulso de la actividad económica, lo que acabará originando el sistema mixto que tenemos hoy en día y del que hablamos en el último punto de este artículo.

Socialismo

Como acabamos de decir el sistema capitalista puro produjo situaciones muy injustas, los trabajadores de las industrias de todo  tipo tenían que realizar jornadas laborales interminables por sueldos míseros, por lo que sufrían, además, condiciones de vida miserables a pesar de trabajar todo el día, sin ningún tipo de coberturas sociales ni protección a menores o enfermos.

La consecuencia de la prolongación de esta situación a lo largo del tiempo originó la aparición de los movimientos obreros, primero del socialismo y, más adelante, del marxismo como enemigo de ese primer capitalismo.

El marxismo y, más adelante el anarquismo, pretendían conseguir el paraíso socialista, una situación en la que no existe el poder público, el Estado, ni la propiedad privada y en la que la producción se realiza por los propios trabajadores.

Para ello el marxismo utiliza, como medio, la revolución comunista en la que se crea un Estado que se convierte en el único propietario y gestor de los medios de producción y que dirige la economía de manera totalitaria.

Durante la mayor parte del Siglo XX, tras la Revolución Rusa de Octubre, aparecen las llamadas democracias populares en las que se aplica este sistema comunista.

Los resultados fueron desastrosos, se demostró que la economía dirigida directamente por el estado, por funcionarios, es ineficaz e irrazonable y que produce pobreza en la población, además de otros problemas como la falta de libertad.

Estado del bienestar

En Europa Occidental tras la Segunda Guerra Mundial, el sistema económico es mixto, es un sistema capitalista en su base, fundado en la iniciativa empresarial privada, pero con intervención del Estado en la vigilancia y regulación de las actividades productivas y los mercados y, sobre todo, para garantizar la protección de las personas y, muy en especial, de los trabajadores.

El mercado laboral en el que las empresas privadas contratan a sus trabajadores tiene que cumplir unas reglas, previstas por la Ley, que están en la propia legislación y, además, en los convenios colectivos que son el fruto de la negociación colectiva entre empresarios y trabajadores.

Así, está regulada la jornada máxima que puede prestar un trabajador, su salario mínimo y las condiciones que deben respetarse en esta relación laboral.

Además, el Estado garantiza unos servicios públicos en campos que considera esenciales para que las personas reciban asistencia en ellos, especialmente en la educación y en la sanidad, pero también en otros campos como la protección en caso de desempleo, de enfermedades prolongadas, de dependencia y las jubilaciones.

Para ello el Estado recauda impuestos a las empresas y los particulares que son progresivos, de manera que se aplican mayores porcentajes a los que más ganan.

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