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Diferencia entre socio capitalista y socio ejecutivo

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11 de enero de 2021

Los socios de una empresa serán la primera pieza y el motor de la misma, sin los cuales, la máquina no se pondrá a funcionar. Es necesaria su implicación y su aptitud, especialmente al comienzo del negocio.

Sin embargo, no todos los socios tienen la misma función, las mismas tareas, ni el mismo grado de participación en el día a día de la empresa. Es importante tener en cuenta antes de dar el pistoletazo de salida a un negocio, qué tipo de socio queremos ser y qué queremos aportar a nuestra empresa, así como qué tipo de socio queremos incorporar a nuestra entidad.

A continuación, vamos a ver las diferencias entre ser un socio capitalista y ser un socio ejecutivo.

¿Qué implica ser socio de una empresa?

Antes de adentrarnos en distinciones, conviene aclarar qué significa exactamente ser socio de una empresa. Cuando hablamos de socio, en términos generales nos referimos a la persona que se une a otra u otras empresas para desarrollar algún proyecto en común. En el ámbito empresarial, un socio será aquel que ostenta una parte de una sociedad, o, lo que es lo mismo, socio es cada una de las partes de un contrato de sociedad.

Basándose en la parte de la sociedad que ostente, tendrá una serie de obligaciones y de derechos respecto a la misma, y esta participación podrá ser paritaria, siendo todos los socios iguales, o vinculada a la aportación que cada socio haga. Puede tratarse de una persona física o jurídica y tales derechos y obligaciones dependerán del tipo de sociedad de que se trate y de la normativa legal que le sea aplicable.

Todos los socios harán una aportación a la sociedad, ya sea económica, laboral, capital… a partir de las cuales empezará a funcionar.

¿Qué es un socio capitalista?

El socio capitalista suele ser el que comúnmente se nos viene a la cabeza en primer lugar cuando pensamos en una empresa. Se trata de la persona que financia la actividad a través de la aportación de un capital determinado, arriesgándose a perderlo en el caso de que el negocio no tenga éxito.

Puede tratarse de uno o varios familiares del emprendedor, o también de una o varias personas que invierten dinero en un negocio con la finalidad de recibir una rentabilidad a medio o largo plazo. Se trate de quien se trate, la característica principal es que aporta dinero sin llegar a intervenir en la gestión de la empresa. Es decir, su papel se limita a la inversión o financiación de un proyecto empresarial, aunque, en todo caso, mantendrá un cierto control e información sobre el modelo de negocio.

En este sentido, es recomendable que el socio capitalista no aporte más de un 30 % del capital social, para evitar conflictos de intereses que perjudiquen la gestión de la empresa. Si el socio capitalista ostenta el control de la empresa, el emprendedor puede terminar siendo un empleado a las órdenes de su socio. Y, en el lado contrario, el socio capitalista debe asegurarse de retener un mínimo control, para no dejar su capital a la deriva.

Puede ser una buena alternativa para aquellas ideas de negocio que necesitan financiación y que no la encuentran a través de las fuentes habituales (préstamos, créditos…).

¿Qué es un socio ejecutivo?

Un socio ejecutivo es un socio no capitalista. Se trata de una persona que complementa el perfil profesional de otro u otros socios de una empresa, que se implica en los quehaceres diarios de la empresa y puede aportar su experiencia, formación y aptitudes. Es un tipo de socio que se suele incorporar a la empresa para acelerar el proceso de crecimiento y ayudar a su desarrollo. En este sentido, puede ahorrar costes al prescindir de algún profesional externo que, a falta de un socio que desempeñe ciertas tareas, sería necesario.

Para incorporar a una persona como socio ejecutivo es importante que cuente con unos valores similares a los del resto de socios, puesto que se trata de crear equipo y trabajar juntos para lograr un objetivo común.

El pacto societario

Una empresa que cuenta con varios socios supone que contará con mayores recursos que si contase con uno solo de ellos. Combinará las experiencias y la formación de todos, disminuirá los riesgos al pasar a ser compartidos, y contará con mayor apoyo, tanto laboral como psicológico, al no recaer todas las tareas y las decisiones sobre una única persona.

No obstante, todo esto puede dar lugar a roces y desacuerdos que pueden ser perjudiciales para el devenir de la empresa. Para intentar reducir este riesgo al máximo, existe el pacto societario, un documento firmado por los socios que actúa como regulación de las cuestiones relativas al funcionamiento de la empresa. Puede redactarse en el momento de la constitución de la sociedad o con motivo de la incorporación de un nuevo socio.   

Funciona regulando la relación interna de los socios, lo que puede servir para evitar futuras complicaciones y disputas. Cuanto más claro y específico quede todo por escrito, menos posibilidad de enfrentamientos. Es un recurso muy adecuado en el caso de necesitar realizar una ampliación y tener que incorporar nuevos socios.

Tanto los socios capitalistas como los socios ejecutivos son figuras completamente válidas de asociación para lograr los objetivos de una empresa. La decisión sobre qué tipo de socios incorporar, debe meditarse detenidamente y valorando los pros y los contras, ya que a la larga cobrará más importancia de la que inicialmente pueda parecer.