Desarrollo sustentable

por Software DELSOL

Los conceptos de desarrollo sustentable y desarrollo sostenible aparecen al final del Siglo XX como una alternativa a la idea de desarrollo que había existido hasta entonces.

Desde la Revolución Industrial, hace 250 años, se ha concebido el desarrollo como la aparición de un conjunto de innovaciones tecnológicas y técnicas, así como la implementación de ámbitos y sistemas económicos y políticos que tienen como finalidad satisfacer las necesidades de las personas de la manera más eficaz.

El concepto de desarrollo sostenible aplica esa necesidad de eficacia y eficiencia a las innovaciones y sistemas, pero buscando utilizar recursos naturales que no se agoten y puedan seguir utilizándose indefinidamente; es el contraste entre los combustibles fósiles, como el petróleo, que son por definición limitados y la luz del sol, para producir energía el sol es un recurso que no se puede agotar mientras que se sabe que el petróleo se acabará totalmente dentro de algunos años.

El paso siguiente es la idea de desarrollo sustentable que, al igual que el sostenible, pretende cuidar los recursos que utiliza protegiendo el medio ambiente de manera que la utilización de recursos no suponga un perjuicio para las generaciones futuras (ni presentes), pero no pone el acento en la eficacia que, en este caso, no es una prioridad.

Mientras que los conceptos de desarrollo y desarrollo sostenible tenían un carácter eminentemente técnico o económico, la idea de desarrollo sustentable entra más en el ámbito de la política y, sobre todo, de la ideología; por eso no pone el acento en la eficacia que, conceptualmente, pierde importancia ante el fin primordial de preservar el medio ambiente satisfaciendo, a la vez, las necesidades de la población.

El concepto de desarrollo sustentable aparece, por vez primera, como resultado del trabajo de la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU, creada en 1983, estos resultados fueron publicados en 1987 en el denominado Informe Brundtland y fueron, más tarde, incorporados a la llamada declaración de Rio (Principio 3º) que aprobó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo.

El convenio de París

Promovido por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el 12 de diciembre de 2015, durante la XXI Conferencia sobre Cambio Climático, con la intervención de 195 países el Acuerdo de París, estando abierto a la firma de los países a partir del 22 de abril de 2016.

A fecha 3 de noviembre de 2016 se han adherido a este acuerdo 96 países, además de la Unión Europea. Los países firmantes suman más del 55% de la producción de gases de efecto invernadero.

Estados Unidos, a través del presidente Trump, anunció su retirada del acuerdo con motivo del cumplimiento de sus promesas electorales; todos los demás países firmantes se han ratificado en el mismo a la vez que expresan su preocupación por los problemas tecnológicos y de financiación de la ausencia de Estados Unidos va a suponer para su aplicación.

La idea es poner en práctica las reducciones de gases de efecto invernadero producidos por la industria en cada uno de los países, consiguiendo estas reducciones aplicando innovaciones tecnológicas y cambios en el sistema industrial y energético.

Los gases que se quiere combatir son:

  • Dióxido de carbono (CO2).
  • Metano (CH4).
  • Óxido nitroso (N2O).
  • Hidrofluorocarbonos (HFC).
  • Perfluorocarbonos (PFC).
  • Hexafluoruro de azufre (SF6).

Problemas para el cumplimiento de los compromisos en materia de medio ambiente

Sin duda conseguir que el desarrollo económico se produzca con medios que respeten el planeta y que no produzcan daños irreparables en él es una necesidad importante.

Por esto se han producido los movimientos y acuerdos internacionales que hemos relatado (entre otros); sin embargo, llevar estos buenos propósitos a la práctica no es tan sencillo y ahí está la importancia del requerimiento de eficacia que supone la diferencia entre desarrollo sostenible y desarrollo sustentable.

El cumplimiento de estos propósitos supone renunciar a fuentes baratas y sencillas de producción de energía, como el petróleo, el carbón o el gas, para utilizar otras más limpias, las llamadas energías renovables, entre las que se encuentran algunas ya desarrolladas técnicamente como la hidráulica, la solar o la eólica.

Aunque no se encuentre entre las renovables, también cumple estos objetivos la energía nuclear que es capaz de producir energía de forma barata, limpia y eficaz pero, como hemos dicho, el concepto de desarrollo sustentable es un conceptos fundamentalmente político y pensar en la energía nuclear no entra dentro de los parámetros ideológicos del mismo.

Sin embargo, el desarrollo técnico de las energías renovables no ha alcanzado, todavía, un nivel suficiente para que sean económicamente competitivas con los combustibles fósiles. Esto supone un coste, un aumento de precio en la producción energética, que hay que pagar: si estamos hablando de energía para el consumo acabará siendo el consumidor quién lo pague en su recibo de la luz y si hablamos de la producción industrial también acabará siendo el consumidor el que pague el sobrecoste a través del aumento de precio de los productos y servicios que compra consecuencia del cambio de modelo energético.

Los países ya industrializados parecen estar dispuestos a asumir este coste (excepto los Estados Unidos del presidente Trump, según ha mostrado en sus actos y últimas declaraciones) reconvirtiendo sus industrias y sistemas de producción energética. Esto es muy importante porque son ellos, los países industrializados, los que más emisiones de gases de efecto invernadero producen.

Sin embargo, los países subdesarrollados y los que están en vías de desarrollo tienen, con esto, un problema.

Un país que no está desarrollado (según el concepto económico de desarrollo que tenemos todos en la cabeza en estos principios del Siglo XXI) pretende, como es lógico, alcanzar el desarrollo económico.

Sin embargo, un país no desarrollado no tiene capacidad económica ni tecnológica para asumir el coste que los cambios necesarios para eliminar la emisión de gases contaminantes suponen. El problema es que si realizan estos compromisos y los cumplen van a quedar condenados a continuar en el subdesarrollo eliminando las pocas posibilidades de desarrollo que puedan tener.

Dentro de este grupo de países que están en proceso de desarrollo económico un caso aparte es China.

China es el país más contaminante del mundo, responsable del 26% de la emisión de gases de efecto invernadero.

Aunque en un principio se mostró contraria a asumir compromisos de limitación de emisiones, a partir del Acuerdo de París parece haber cambiado esta política con compromisos de reducciones importantísimas (entre el 50% y el 60%) en su utilización de combustibles fósiles.

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